En estos días preelectorales he oído mucho el término ‘lagarto’ como mote ofensivo… Max Siegal, Bogotá
Según el Lexicón de colombianismos, ya en el Siglo de Oro español lo usaba el poeta Francisco de Quevedo para aludir a un individuo mediocre. ‘Lagartear’ es intrigar o importunar o esperar el tiempo necesario para hablar con alguien influyente con el fin de alcanzar alguna gracia o de que este medie para ese logro. Tal gracia puede ser una invitación, un favor, el reconocimiento social, un empleo o un ascenso para él o para un allegado. Para eso, el lagarto se vale de la lambonería, es decir, de la adulación, la cual en estos casos tiene una connotación negativa, pues se usa en pos de un objetivo previo, y quien la ejerce se ampara en palabras elogiosas y amables para erosionar la voluntad de “la víctima” avivando su vanidad. El lagarto político es un sujeto que está en todas partes; presume de su capacidad y de la de su mentor; es inmune a comentarios adversos; ronda por salas de justicia, ministerios y oficinas públicas; envía a los diarios colaboraciones no solicitadas; acude a emisoras de televisión o de radio; puede hablar desde alta economía hasta del equipo de fútbol de su tierra, en fin…
Ya ‘mostacho’ no se usa, sino ‘bigote’. ¿Cierto? Víctor Pisciotti, Bogotá
Ambas palabras significan lo mismo, o significaban lo mismo porque ´mostacho’ casi ha desaparecido. De todas maneras, las dos se diferencian en su origen, que en el caso de ‘mostacho’ está bien definido como derivación del italiano mostaccio (mustacchio), que, a su vez, viene del griego bizantino moustákion, y se refiere a un bigote grueso. En cambio, el origen de ‘bigote’ es una idea vaga, etérea, una suposición que, incluso, Joan Corominas acogió como cierta. La idea, que también acepta la académica Rosa Pons, cuenta que, en la segunda mitad del siglo 15, soldados normandos mercenarios, de lengua germánica, se aliaron con los castellanos para ayudarlos en su intento de expulsar a los moros. Un día, en medio del fragor de una batalla, un militar normando afrontó una dificultad, que quizá haya sido un tropezón o la caída de una de sus armas, y exclamó en su lengua: Bei Got! ‘¡Por Dios!’. Esta imprecación, bei Got!, es el supuesto origen de ‘bigote’. Pero, muy a pesar de Corominas y su genio filológico y de la letrada Pons, hay otra teoría menos teatral y más creíble, y es la que dice que ‘bigote’ viene del francés bigot, palabra desdeñosa con la que se designaba a los normandos, que se distinguían por llevar unos bigotes gruesos y muy largos por cada lado.
edavila437@gmail.com








