La semana pasada se anunció el fin de Titanes de Barranquilla, el equipo más exitoso de la Liga Profesional de Baloncesto de Colombia. La noticia, comunicada por sus directivos, marca el cierre de un proyecto que en apenas unos años logró nueve títulos y una presencia destacada en escenarios internacionales. Fue, quizá, el proyecto deportivo más consistente que se haya promovido en nuestra ciudad, encadenando éxitos inusuales para nuestro entorno.
Los responsables del equipo han señalado que la decisión obedece a un tratamiento que consideran desigual por parte de la liga, que se hizo evidente a partir de una sanción que interpretaron como injusta. Es un argumento concreto, que seguramente admite matices y lecturas distintas. Pero detenerse en esa discusión sería perder de vista lo importante: el equipo más exitoso en la historia del baloncesto colombiano no volverá a competir.
La salida de Titanes deja un vacío que no es menor. En Barranquilla, como en todo el país, buena parte de la atención se concentra en el fútbol. Por eso, contar con un equipo referente en baloncesto permitía ampliar el mapa de intereses colectivos y diversificar una oferta deportiva que sigue siendo limitada. Hubo un momento —2018 y 2019— en el que esa posibilidad se hizo especialmente visible: Junior, Caimanes y Titanes fueron campeones de sus respectivas ligas. No era solo una coincidencia deportiva, sino una expresión poco frecuente de cohesión urbana, una de esas ocasiones en las que la ciudad experimenta un impulso a su autoestima, y se propician momentos de alegría compartida que cada vez parecen escasear más.
El deporte cumple una función que a veces se minimiza. Para muchos jóvenes, equipos como Titanes operan como referentes cercanos, capaces de despertar vocaciones, disciplina y sentido de propósito. Hoy, cuando buena parte del tiempo libre está mediado por pantallas, la existencia de proyectos deportivos visibles ofrece alternativas concretas de formación y bienestar, incluyendo dimensiones cada vez más relevantes como la salud mental. No es casual que en la ciudad empezaran a aparecer academias de baloncesto, incluso algunas asociadas a la propia marca Titanes, como una extensión natural de ese proceso. Queda ahora la duda sobre si ese impulso podrá sostenerse con la misma fuerza.
En todo caso, es necesario un reconocimiento a quienes hicieron posible que Titanes existiera y alcanzara esos resultados. Sostener un proyecto de ese nivel en el contexto colombiano no es una tarea fácil. Ojalá las condiciones cambien y la ciudad pueda, más temprano que tarde, volver a contar con un equipo profesional de baloncesto. Hasta pronto, Titanes.
moreno.slagter@yahoo.com








