Las elecciones presidenciales de este año serán, en muchos sentidos, una definición de rumbo para Colombia. Después de años de tensiones institucionales, incertidumbre económica y debates intensos sobre el modelo de país, el electorado tendrá en mayo la oportunidad de decidir hacia dónde quiere avanzar. En ese contexto, la unión entre las distintas sensibilidades de la centro derecha y la derecha será determinante.

Hoy el panorama muestra dos liderazgos que, aunque provienen de tradiciones políticas distintas, conectan con un mismo electorado: Paloma Valencia, figura central de la centro derecha y probable ganadora de la Gran Consulta por Colombia, y Abelardo de la Espriella, referente de una derecha más frontal y directa. Sus estilos son diferentes, pero sus coincidencias son profundas: defensa de las instituciones democráticas, seguridad, crecimiento económico, respeto por la empresa privada y un Estado que funcione mejor.

La historia política colombiana está llena de ejemplos donde sectores con afinidades ideológicas terminaron debilitándose por competir entre sí más de lo necesario. Por eso, más que verse como rivales, el Tigre y Paloma deberían entenderse como parte de un mismo equipo que busca ofrecer una alternativa de gobierno para el país.

Es razonable que muchos seguidores de Abelardo de la Espriella decidan no participar en la consulta si su candidato no está presente. La lealtad política es parte natural de la democracia. Pero también es importante entender el mensaje político que enviarán las urnas ese día. Una votación alta en la Gran Consulta por Colombia —superior a la que obtengan el Frente por la Vida o la llamada Consulta de las Soluciones— será interpretada como una señal clara de que el país se está moviendo hacia una alternativa alejada de la izquierda.

En política, las percepciones importan. Las consultas no solo escogen candidatos: también envían señales sobre el estado de ánimo del electorado.

Pero la conversación no termina en la elección presidencial. Tan importante como quién llegue a la Casa de Nariño será la composición del Congreso de la República. Las mayorías legislativas determinarán qué reformas podrán aprobarse y cuáles quedarán bloqueadas durante los próximos cuatro años. Por eso, el voto al Congreso es tan crucial como el voto presidencial. Sin mayorías claras, incluso el mejor gobierno enfrenta enormes dificultades para gobernar.

La política, al final, también es una cuestión de equipo y frente al escenario catastrófico de una izquierda radical dando continuidad a este nefasto gobierno, Abelardo y Paloma y sus seguidores de todas las orillas, debemos poner el país por encima de todo.

@RPlataSarabia