Mucho tiempo después de escuchar tantas veces esa consigna, supe que la frase original se debe a su abuela puertorriqueña Antonia Pintor, quien lo crió en el Bronx de Nueva York, donde la única forma de sobrevivir era guapeando, o sea, enfrentándose a lo que sea, ser un bravo para no dejarse derrotar. Cuando aparecieron en la sala de migración del aeropuerto Ernesto Cortissoz, era claro que no tenía pinta de “malo”, como lo apodaban, sino de uno más en la fila.
La magia de Willie Colón estuvo en elevar esa bravura a unos niveles sublimes en los que expresó toda su rebeldía en las notas redondas, agresivas, de su trombón. Del aeropuerto al Hotel Doral, donde esperaban los miembros de la Fundación Cultural Casita de Paja y los periodistas. Les hicimos una entrevista como no les habían hecho antes, dentro de la cual les mostramos nuestro conocimiento sobre la obra de ambos.
Hubo un momento en que todas las preguntas eran dirigidas a Rubén Blades, Y Willie Colón se fue retirando de manera tan discreta que nadie lo notó, excepto yo, y me dije, ese es “El Malote”.
Me tocó de portero en la oficina del Capi Visbal, donde se preparaba la banda y me tocó vacilarme situaciones como “Hey, bróder, déjame pasar para hablar una vaina con el Willie”, y yo “Nombe, bróder, están revisando unas partituras”; hasta lo mejor de la noche, Mireya Hurtado y unas bacanas me entregaron una bolsa con guayabas y me dijeron “Toma, dáselas a Rubén”.
Ya en el escenario es un monstruo que hace música con un trombón tenor con el que ha logrado su sonoridad característica agresiva y callejera que oscila de un registro agudo brillante a un registro bajo grave, que lo hace inconfundible. Y cuando guapeó con ese trombón en el firmamento de La Saporrita, tuve una especie de déjá vécu, lo ya vivido, esos solos tantas veces escuchados y poder ahora ver las notas salir de su trombón para inundar el escenario y hacernos disfrutar su música, fue alimento para el espíritu salsero.
Tuve la oportunidad de estrechar la mano y estar en varias conversaciones con de uno de los grandes músicos de este planeta y poder expresarle mi agradecimiento por toda esa musicalidad que nos dio y que repetimos en nuestros picós como homenaje a su música.
Para fortuna de la música salsa, empezó temprano y trabajó bastante para dejarnos una obra que ha convencido a todos de su grandeza. A los 17 años fue capaz de armar una tremenda banda y grabar un álbum llamado “El Malo”, del cual destaco un tema, Jazzy, que para mí lo define musicalmente. Repásenlo y piensen en el impacto que pudo haber representado en su lanzamiento en 1967.
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