Nuestra sociedad está siendo influenciada por hechos y tendencias que jamás pasaron por la mente en la infancia de las generaciones anteriores. La inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, las identidades se redefinen y fenómenos como los therians irrumpen en la conversación pública. Frente a este panorama, no podemos reaccionar solo con asombro o temor: debemos asumir nuestra responsabilidad.
Es responsabilidad nuestra educar a nuestros hijos. La educación se forma en el hogar; la enseñanza y el aprendizaje académico corresponden al colegio. Nosotros, los adultos, los padres y los mayores, tenemos el deber de marcar el camino con valores, buenas costumbres y ética. No se trata de imponer, sino de orientar; no de censurar, sino de formar criterio.
En un mundo donde la inteligencia artificial está en auge y las libertades personales se celebran, cobra mayor importancia el papel de los adultos. Debemos enseñar que el respeto es la base de la sociedad. La obediencia a normas justas y el reconocimiento del otro permiten la convivencia en un orden equilibrado. Sin respeto no hay armonía ni paz posibles.
La aceptación de nuevas formas de establecer relaciones afectivas, de parejas no binarias y de identidades como los therians, exige adultos con argumentos razonables, con serenidad y con fundamentos éticos y morales claros. El equilibrio no está en negar la realidad ni en promoverla sin reflexión, sino en comprenderla y abordarla con responsabilidad.
Los hombres libres y de buenas costumbres, son aquellos que aceptan la diversidad y la respetan, sin necesidad de convertirla en bandera ni en motivo de confrontación. Al apoyar la igualdad y el respeto, ayudamos a construir un entorno donde todos puedan expresarse sin miedo al juicio. Una sociedad inclusiva, pero también consciente de sus valores, beneficia a todos.
Los mayores tenemos el deber de convertirnos en modelos a seguir. La forma en que actuamos influye en jóvenes que buscan su lugar en el mundo. Cuando ven coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, se sienten motivados a replicar ese comportamiento, creando un ciclo de respeto y comprensión.
Nuestra responsabilidad no se limita a las acciones; también abarca el discurso. La manera en que abordamos temas delicados como la identidad de género, la diversidad sexual o los cambios tecnológicos es crucial. Un lenguaje respetuoso y abierto puede transformar percepciones y reducir prejuicios. Este diálogo es necesario tanto en las redes sociales como en la vida cotidiana.
Hago un llamado a padres, mayores y ciudadanos, a quienes tenemos un papel fundamental en esta era marcada por la inteligencia artificial y la diversidad. Nuestro ejemplo es más poderoso que cualquier discurso. Como dijo el filósofo de “la junta”: “El ejemplo tuyo soy yo”. Educar con coherencia, respeto y buenas costumbres es la mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones.
@oscarborjasant








