Esta semana la ONU lanzó una advertencia que no deberíamos pasar por alto: “La situación de derechos humanos en Colombia está retrocediendo”, advirtió Naciones Unidas en un reciente informe citado por la prensa internacional, en el que alertó sobre desplazamientos, violencia contra líderes sociales y riesgos en pleno año electoral. El informe habla de aumento en los desplazamientos forzados, comunidades confinadas por grupos armados, violencia contra líderes sociales y riesgos que podrían afectar el ambiente electoral. No es una alarma menor. Es un llamado de atención en pleno año de elecciones.

Y cuando hablamos de violencia electoral, no nos referimos únicamente a amenazas directas o ataques armados. La violencia también adopta otras formas: denuncias falsas utilizadas para desacreditar candidatos, campañas de desprestigio, ataques sistemáticos en redes sociales, presiones indebidas y hasta procesos judiciales usados estratégicamente. No todo se mide en disparos; también hay intimidación cuando se busca destruir reputaciones o sembrar miedo.

La ONU advirtió, además, que en algunas regiones del país la presencia de grupos armados sigue limitando la vida comunitaria y política. Hay territorios donde el control no lo ejerce plenamente el Estado y donde participar puede implicar riesgos. Eso debería preocuparnos, porque la democracia no se reduce a instalar mesas de votación; implica que las personas puedan aspirar, opinar y decidir sin presiones.

Votar no es solo marcar un tarjetón. Es poder hacerlo en libertad. Es poder elegir sin miedo. Es que quienes compiten lo hagan en condiciones justas, sin amenazas abiertas ni silencios impuestos. Desde las ciudades a veces olvidamos que hay lugares donde la libertad no es tan evidente como creemos. Y también olvidamos que la violencia moderna no siempre es visible: muchas veces es digital, simbólica o jurídica. Pero condiciona igual.

Por eso esta advertencia no debería leerse como un reproche internacional, sino como un recordatorio. Un recordatorio de que el voto es una conquista que costó demasiado. De que la democracia necesita garantías reales, no solo discursos. En Colombia sabemos lo que significa que el miedo interfiera en la política. Sabemos lo que ocurre cuando se normaliza la intimidación o cuando la desinformación reemplaza el debate.

Este año, cuando llegue el momento de votar, vale la pena recordar que no todos pueden hacerlo con la tranquilidad que damos por sentada. Y que incluso dentro de nuestro propio país hay territorios donde esa tranquilidad aún no está garantizada. El voto no es un trámite. Es una responsabilidad y una conquista. Y como toda conquista, hay que cuidarla.

@CancinoAbog