Durante varios años el presidente de Venezuela Nicolás Maduro estuvo insultando al presidente de los EE.UU. Donald Trump, por todos los medios de comunicación: ¡vengan por mí! ¡No se tarden en llegar, cobardes! Y el mono del norte le cumplió la cita, cargándoselo este sábado 3 de enero de 2026.
Pero lo que más enfureció al gringo no fueron los insultos, en dos idiomas, sino el desafío a bailar cuando Trump se cree campeón al considerar que fue ese baile lo que le permitió convencer a los norteamericanos y ganar las elecciones presidenciales. La frase de Maduro (Vengan por mí) se ha convertido en un eslogan que utilizarán algunos comerciantes en el Carnaval de Barranquilla y las Fiestas del Caimán de Ciénaga.
Pero detrás de esta operación militar para capturar a Maduro, está todo un poder económico de grandes proporciones por ser uno de los países más ricos del mundo: petróleo, litio, oro, bauxita, diamantes, caliza, agua, biodiversidad y tierras raras (por las que Rusia invadió a Ucrania), las hayacas y las arepas de las venezolanas. Además, se trata del preso más valioso del mundo para la estrategia geopolítica del continente, dada la información que tiene ese personaje sobre docenas de líderes políticos y sus relaciones con el narcotráfico y la financiación de campañas electorales y otras actividades peligrosas.
Sus seguidores rezan por su salvación, mientras que sus enemigos esperan que el diablo meta la mano para que, por lo menos, tenga una isquemia cerebral que le endurezca la lengua o se le borre el cassette, antes que comience a cantar utilizando el principio de oportunidad en la justicia gringa con acuerdos y negociaciones para rebajar su pena, con la garantía de la considerable riqueza de su país. Mientras tanto, Trump con guitarra en mano y sus gestos de burla, le entonaría la famosa canción de Ricardo Arjona: “El problema no fue hallarte, el problema es olvidarte. El problema no es tu ausencia, el problema es que te espero. El problema no es que mientas, el problema es que te creo. El problema no es que juegues, el problema es que es conmigo”.
En un futuro muy cercano, no sería raro ver libre al presidente Maduro, bailando en las calles de Caracas, pues Venezuela lo tiene todo para negociar. No así otro país como, por ejemplo, Haití, el más pobre de América, con 12 millones de habitantes en pobreza extrema, abandonados de la mano de Dios y de los organismos que hablan de derechos humanos como la ONU, la OEA y la FAO, donde es tanta la hambruna que el diablo no entra porque también se lo comen.
@FcuelloDuarte








