Comienza 2026 con sensación de prosperidad para quienes aumentarán ingresos por encima de sus expectativas, con el aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno.

Se trata, sin duda, de un “regalo”, pues el 23,7% está lejos del 16% que los trabajadores exigían, pero es un regalo “envenenado”, irresponsable. El Estado es gran empleador, pero sus finanzas están al límite para asumir un costoso aumento a sus empleados de salario mínimo, además de la nivelación de los pensionados en esa condición.

Un análisis de Portafolio señala que la generosidad populista del Gobierno se financia “al debe”. Entre agosto/22 y octubre/25, la deuda del Estado pasó de $804 a $1.180 billones, un aumento del 46%, concentrado en deuda interna de corto plazo y altas tasas. Por ello el Comité de la Regla Fiscal alertó sobre la deuda bruta del Gobierno Central, del 64,1% del PIB en octubre, el nivel más alto desde 2001. Aun así, no hay plata. La caja de la Nación, que cerró noviembre en $7,1 billones, iniciando diciembre apenas superaba el billón, cifra muy inferior al promedio histórico.

Por supuesto que el alto nivel de gasto público al debe infla el crecimiento de la economía. El empleo es un ejemplo. El Gobierno saca pecho con el desempleo de un dígito –8,8%–, pero el DANE reconoce que, en gran parte, la caída se debe a 235.000 nuevos empleos públicos en 2025, la mayoría por prestación de servicios, modalidad que el Gobierno ataca, pero utiliza intensamente… en época preelectoral.

La irresponsabilidad se verá cuando esos empleos se esfumen… después de elecciones, y los altos costos de la contratación privada deriven en la suspensión de nuevos empleos y luego en la disminución de los existentes, lo que afectará, sobre todo, con gran impacto social, a la micro, pequeña y mediana empresa, que genera casi el 80% del empleo.

El incremento del mínimo tiene además un tufillo de venganza y demostración de fuerza al Congreso, que no se tragó enteras las reformas de Petro y se resiste a aprobarle tributarias disfrazadas de leyes de financiamiento.

Por último, sin duda es un incremento “electoral”, pues más de cuatro millones de colombianos agradecidos irán a las urnas poco después de su primer sueldo aumentado. Es una estrategia usada por el progresismo en el vecindario, una descarada compra de votos y una lesión enorme a la democracia.

En ese entorno, quien reemplace a Petro en agosto de 2026 no la va a tener fácil. Con una economía más indexada con el salario mínimo que con la inflación, la destorcida de esta última, del empleo y del crecimiento económico se sentirá desde el primer mes del año, para el cual, aunque suene a paradoja, les deseo a los colombianos… prosperidad.

@jflafaurie