Este 2025 ha sido doloroso para Colombia. Atentados terroristas, civiles y miembros de la fuerza pública destrozados por las balas criminales, un candidato presidencial asesinado, múltiples escándalos de corrupción y un presidente desaforado hablando de “ progresismo” cuando se pierde la democracia y la gobernabilidad en los territorios.
Todo este escenario nos ha puesto a pensar en lo que vivió Colombia durante los años ochenta y principios de los noventa. Cientos de heridos y muertos por las bombas asesinas de los carteles de la droga, candidatos presidenciales asesinados, el narcotráfico campeaba en los vericuetos de la institucionalidad y la falta de Estado se palpaba en cada territorio. La Constitución de 1991 nació de ese engendro político y social.
Este panorama es similar hoy. Sin embargo las comparaciones siempre hay que verlas con diversas perspectivas. Es esencial tomar modelos, muchas veces no asimilables, teniendo en cuenta lo que ocurre en otros lugares. Esto ayuda a tener visiones diversas. Así ha funcionado la historia. Se pueden ver, por ejemplo, similitudes entre el “Frente Nacional” en Colombia con el “Pacto de Punto Fijo” en Venezuela, o entre los resultados económicos sobresalientes de las dictaduras de Miguel Primo de Rivera en España con la de Francisco Franco o entre esos mismos resultados en las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile con la de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. En las dictaduras militares de izquierda el camino es inverso. Economías quebradas son la regla. Ahí está el caso de la Argentina de Perón, la Cuba de Castro, la Venezuela de Maduro o la Nicaragua de Ortega.
Frente a los derechos humanos la similitud en la limitación de los derechos es la regla en las dictaduras de izquierda o derecha. En este punto son tan repudiables las satrapías de Daniel Ortega en Nicaragua, de Pinochet en Chile, de Fidel Castro en Cuba o de tantos otros.
Aterrizando a lo que vivimos en Colombia con Petro. La historia es una buena maestra. Revivimos la guerra del narcotráfico de finales de los noventa con candidatos presidenciales de oposición asesinados, revivimos la posible financiación ilegal de la campaña de 1994 cuando se reconoció públicamente que personas entregaron presuntamente recursos a la campaña “ Petro Presidente” o cuando el famoso” Pacto de la Picota” se cierne en la memoria de muchos colombianos por denuncias como la del excandidato presidencial y actual alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.
Revivimos las negociaciones de paz y la toma terrorista de las guerrillas en la zona de distensión de principios de este siglo. La diferencia es que el presidente Pastrana preparó al país para retomar el territorio con la alianza con los Estados Unidos a través del Plan Colombia. Para rematar, volvimos a los escenarios de negociación con guerrillas de todo nivel como lo hicimos con Rojas Pinilla, Alberto Lleras, Betancur, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana y Santos. Como si no pasara el tiempo.
Esto nos demuestra como el país en vez de mirar hacia el futuro retorna al pasado de forma permanente. La elección de Gustavo Petro es parte de eso. Petro, ex guerrillero del M-19, desmovilizado, se propuso regresar a Colombia al mundo que creíamos superado. Ahí se siente cómodo.
Hoy el escenario no es fácil. Ausencia de condiciones de seguridad para hacer campaña presidencial en Colombia, falta de voluntad en las instituciones para responder a los desafíos, narcotráfico a granel y existencia de inmensos riesgos en los territorios. El 2026 será un año vital para saber si Colombia se encamina hacia el porvenir o si definitivamente nos quedamos a vivir a caballo entre los siglos XIX y XX.
Ex fiscal general de la NaciónProfesor del Adam Smith Center for Economic Freedom, Florida InternationalUniversity (FIU)
@FGFBarbosa