Después del fracaso en la participación en el ámbito internacional, los dos finalistas de la Liga colombiana, Junior y Nacional, parecen abocados a ganar el título como única opción y convertirlo en una suerte de compensación a las ilusiones y exigencias de sus hinchas.
Los títulos, cualesquiera sean, los hinchas celebran, los reconforta y los enorgullece. Nacional ni siquiera pisó el aeropuerto en su salida internacional: Millonarios lo eliminó en fase previa.
Junior no alcanzó el objetivo mayor, que era pasar al menos de segundo y seguir en la Libertadores, y tampoco pudo arañar un número de puntos necesarios para un consolador tercer lugar y permanecer compitiendo en el continente a través de la Sudamericana.
Ambos obtuvieron las mejores posiciones en la tabla de la Liga. Primero y segundo, así quedaron registrados en las estadísticas oficiales. Es un dato incontrovertible. El juego de ambos fue más irregular en el terreno que en esa tabla. Considerados como las mejores nóminas y como los de mejor músculo económico se impusieron con toda autoridad en sus respectivas semifinales.
La supremacía de Nacional sobre Tolima fue evidente. La de Junior sobre Santa Fe no fue tan contundente en el marcador (hubo necesidad de los lanzamientos desde el punto penal), pero en el trámite, especialmente en Barranquilla, Junior fue superior. Dos equipos que se ven mejor cuando van hacia adelante que cuando retroceden. Son altaneros en su estilo ofensivo y distraídos en sus obligaciones defensivas. Cuentan con más y mejores recursos para buscar el gol.
Los dos tienen futbolistas de experiencia, que se han tuteado con estas instancias. De qué tan maltrecha quedó la autoestima de Junior después del mazazo vergonzante del 4-1 ante Palmeiras dependerá el tema anímico. En lo estrictamente futbolístico son dos equipos bastante igualados.














