Luis Fernando Muriel: próximo a cumplir 35 años regresa a la liga colombiana. Después de convertir más de 100 goles en Europa lucirá la camiseta rojiblanca de Junior. Su trayectoria, su reconocida calidad y vivencias en escenarios internacionales, incluyendo partidos con la selección Colombia, lo convierten en una muy sugestiva contratación y, por supuesto, incrementa la ilusión de los hinchas.
En sus virtudes futbolísticas destacan su amplia y coordinada zancada con la que conduce y controla en velocidad el balón utilizando con la misma pericia cualquiera de las dos piernas.
También su facilidad para integrarse al juego colectivo situándose con inteligencia y habilidad en cualquier sector del frente de ataque. No vive permanente en el área rival porque no lo considera el único requisito para llegar al gol.
Gambetea, amaga antes de disparar, remata con fuerza y precisión con ambas piernas, marca diagonales con mucha rapidez y efectividad. Se fue tomando confianza para convertirse, especialmente en el Atalanta italiano, en un efectivo y estilizado cobrador de tiros libres y penales. Y con frecuencia elude al arquero para darles un toque de mayor calidad a sus definiciones.
No es buen cabeceador. Ha tenido más altibajos de los recomendables y a veces ha dejado la impresión de una cierta dosis de displicencia en su relación con la profesión que, tal vez, le impidió alcanzar mayores logros en una carrera que, no hay duda, ha sido muy buena.
Cristian Barrios: de los delanteros más hábiles, incisivos y constantes de la Liga colombiana. Es zurdo, pero se siente muy cómodo jugando como puntero derecho.
Sus veloces incursiones en diagonal lo dejan permanentemente con ventaja para utilizar su pierna izquierda. Es encarador y peligroso en el contraataque, pero también sabe retroceder para juntarse con los volantes.
No se desconecta del trámite, no se aísla, le gusta estar activo y se ofrece permanentemente. Ayuda en los regresos defensivos. Con muy poca frecuencia intenta ganar la línea de fondo para desbordar y enviar centros.
La velocidad, valentía y peligrosidad que lo acompañan en sus intervenciones, le ha costado trabajo ponerlas de acuerdo con la serenidad y precisión a la hora de definir.









