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En el evento “mi cuerpo dice la verdad de la Comisión de la Verdad”, mujeres hablaron de la violencia a la que fueron sometidas.
Cortesía Comisión de la Verdad y Fuerzas Armadas de Colombia
Colombia

Violencia reproductiva en el conflicto, una verdad de la que nadie habla

El embarazo, el aborto y la esterilización forzada fueron practicas que se implementaron durante la guerra interna del país y que son poco comentadas. 

A los 14 años Helena ya sabía el precio “que tenía que pagar una mujer en medio del conflicto armado”. No sabía muchas cosas de la vida, pero ya entendía a la perfección el dolor del reclutamiento forzado, de la violación y del aborto en contra de la voluntad.

Fue sacada a la fuerza de su casa y enlistada en las filas de las Farc, no pasó mucho tiempo cuando empezó a ser blanco de violaciones consecutivas, porque en ese entonces, bajo las consignas de ese grupo guerrillero, “eso era normal, para eso nacen las mujeres”, y tras ese lema venía uno segundo: “Ustedes acá no vienen a criar niños, vienen a contribuir al pueblo”, así que era terminantemente prohibido quedar en embarazo.

“A las mujeres siempre las ponían a planificar con una inyección ‘Mesigyna’. Había momentos cuando entraba el Ejército que no facilitaba las cosas y no había forma de cómo cuidarse”, relató Helena a la Comisión de la Verdad.

“Cuando yo quedé embarazada a mí se me vino todo a la cabeza. Pensé: a mí me van a hacer abortar, porque eso era de ahí, la que salía embarazada de una la mandaban para que abortara. Me empezaron a aplicar medicamentos, me hicieron tomar las pastillas, pero el médico al ver que yo no perdí el bebé les dijo que tocaba hacerme cesárea. Fue una tristeza tan grande, cuando me desperté era como si me hubieran dado una golpiza, no sabía cuál de los dolores me afectaba más, si el de haber perdido a mi bebé o el del maltrato”.

La comisión ha recogido 912 testimonios de violencia sexual en el marco del conflicto armado. Comisión de la Verdad y Fuerzas Armadas de Colombia

A pesar de lo que había pasado, cuando Helena presentó su caso ante la Unidad de Víctimas esta se negó a inscribirla en el Registro Único de Víctimas, fue a través de una tutela interpuesta por la organización Women’s Link Worldwide que la Corte Constitucional falló en diciembre de 2019 y ordenó a esta entidad incluirla en el Registro Único para garantizarle el acceso a las medidas de reparación que contempla la Ley de Víctimas, a las que ahora tiene derecho. Esta sentencia sentó un precedente que permitirá la restitución de los derechos a mujeres y niñas víctimas de una verdad que en Colombia nadie habla: la violencia reproductiva.

La comisionada de la Verdad Alejandra Miller aseguró que “las violencias reproductivas que se dieron en esta guerra interna de Colombia son crímenes desconocidos y silenciados, parten de esa necesidad que han tenido todos los actores armados de controlar la sexualidad y la reproducción de las mujeres y de las personas LGBT en función de sus objetivos bélicos”.

Miller, en el marco del evento “Una verdad pendiente”, informó que la Comisión de la Verdad ha recogido 912 testimonios de mujeres víctimas de violencias sexuales a lo largo y ancho de Colombia, que incluyen 36 testimonios de violencia reproductiva.

Por su parte, Cristina Rosero, asesora legal del Centro de Derechos Reproductivos para América Latina, explicó a EL HERALDO que el principal reto de Colombia es empezar a asumir este tipo de violencia como reproductiva y no como sexual, pues esta “tiene unas afectaciones profundas y poco se habla de ello, su impacto es físico y psicológico. Entre ellos, un cambio completo en el proyecto de vida de una persona a asumir una maternidad no deseada o una esterilización que no consintió”.

A las mujeres militantes de las Farc no les era permitido tener hijos. Comisión de la Verdad y Fuerzas Armadas de Colombia

En un informe presentado por esa organización identificaron distintas modalidades de violencia reproductiva en el conflicto armado colombiano: la anticoncepción forzada, la esterilización forzada, el aborto forzado y la maternidad forzada.

Explica Rosero que “estas prácticas no se limitaron a mujeres excombatientes,  sino también contra mujeres civiles buscando esconder la violencia sexual a la que fueron sometidas, y en otros casos a mujeres en gestación con fines de infundir terror en el resto de la población, era un mensaje simbólico poderoso para los actores armados”.

Asimismo, Tatiana Sánchez, docente investigadora de la Universidad Javeriana, explica que “es una violencia que además de dejar una marca personal es  transgeneracional, porque ese espiral de violencia se traslada a esas generaciones de niños y niñas que nacen como resultados del abuso. Lo triste es que en los escenarios de guerra hay una naturalización de este tipo de prácticas”.

Agrega que “desde la investigación académica la apuesta ha estado en hacer un desplazamiento de los filtros y cuestionar esa naturalización. Entender dónde están los límites de lo natural y lo violento”.

Afirma la investigadora que visibilizar la violencia reproductiva y entenderla como algo que no es responsabilidad de la mujer es un avance en las garantías de no repetición para que mujeres como Helena puedan cumplir su único deseo: “Tener una vida normal, porque una mujer se merece eso”.

Farc reconocen delito

Rodrigo Londoño reconoció, en entrevista con La W, el 15 de septiembre de 2020, que en las Farc-Ep se dieron abusos sexuales y abortos forzados, frente a lo que señaló: “Yo no entiendo por qué eso pasó, con mucha vergüenza hay que reconocer que sí y toca reconocerlo como un crimen”. Hasta el momento solo esa organización ha reconocido este tipo de violencia en sus filas.

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