El Heraldo
Desde hace 75 años la Alma Máter impulsa el desarrollo de la Región Caribe. Con diferentes actividades celebrarán su aniversario. Josefina Villarreal
Barranquilla

Uniatlántico, 75 años del sueño del filósofo Blanco

La institución de educación superior fundada en 1940 reúne hoy a 22.000 estudiantes de Barranquilla y la Costa.

Lo que empezó como un sueño  gestado por el filósofo  Julio Enrique Blanco, hoy es la institución de educación superior que reúne a 22 mil estudiantes de Barranquilla y la región Caribe. Blanco diseñó y puso en marcha esta universidad hace 75 años.

Durante más de siete décadas, la Alma Máter ha vivido múltiples historias. En las diferentes épocas los acontecimientos internacionales, nacionales y locales se han vivido con intensidad en la institución, que se ha caracterizado por su naturaleza pluralista en la que tienen espacio todas las ideologías y posiciones políticas. (Ver movimiento estudiantil)

Allí fueron formados los primeros abogados, arquitectos, economistas, ingenieros, químicos. “Uno de los sellos que caracterizan a la Universidad del Atlántico es el carácter primigenio de sus programas. Los 35 programas han nacido primero aquí y después han sido replicados en el resto de universidades”, dijo el rector encargado Rafael Castillo Pacheco.

Al recordar la historia de la fundación de la Alma Máter, Rafael Castillo sostuvo que  obedeció a la dinámica y secuencia de los hitos históricos de la ciudad tales como la construcción del muelle de Puerto Colombia, el desarrollo de las telecomunicaciones (empresa de teléfonos, el auge de la navegación por el río Magdalena, la aeronavegación (Scatda), etc.) y el músculo comercial de Barranquilla, que demandaba un recurso humano preparado y calificado.

En esa época, los estudios universitarios estaban muy concentrados en Bogotá.  Y  Barranquilla, en rápida expansión económica, requería de trabajadores y profesionales calificados instruidos en instituciones adecuadas. Estas fueron, quizás, las ideas más importantes que estimularon la creación del Museo del Atlántico, mediante la ordenanza No. 035 de 1940.

En algún sentido, las iniciativas pedagógicas de Julio Enrique Blanco respondían a las inquietudes planteadas en las cuatro primeras décadas de este siglo por dirigentes empresariales que se quejaban de la escasez de técnicos y especialistas forjados en el país. Pero, desde luego, “el educador-filósofo fue más allá, estimulando la aparición de instancias centradas en desarrollar lo humanístico”.

El Museo del Atlántico fue concebido como un conjunto de instituciones educativas que “preludiaban la futura Universidad que le inyectaría vida y desarrollo espiritual a su pujante desarrollo material”.

Lo primero que se buscó fue formar ingenieros, tratando de abarcar las diversas ramas de la profesión.  En esa época dice Castillo, que se intentó educar a los bachilleres que mostraran más disposición para tal especialización, pero no con el propósito de que fueran ingenieros de capacidades comunes y corrientes que vivieran de sus empleos como simples profesionales, sino ingenieros de “alto vuelo”, capacitados para encarar las obras de gran envergadura que requería el desarrollo de la región y el país.

Las aulas de las que germinaría este tipo de ingeniero eran las del Instituto de Tecnología, proyectado desde el Museo y creado mediante la Ordenanza No. 24 de 1941. Nació con cinco estudiantes.  Cabe mencionar el aporte del ingeniero químico Ernesto Cortissoz Rodríguez, egresado de la Purdue University (EU), quien fue el primer decano de la Facultad de Ingeniería Química.

La integración educativa que se impulsaba desde la rectoría del Museo abarcó  14 instituciones entre ellas la  Escuela Industrial, colegios Barranquilla para señoritas y para Varones.

En 1943 se creó la Facultad de Comercio y Finanzas, a la que se le agregaron posteriormente los programas de Ingeniería Química y Química y Farmacia, los que unidos a los existentes de tiempo atrás dieron cuerpo a la Institución Politécnica del Caribe, creada por Ordenanza No. 36 de 1945.

El 15 de junio de 1946 se creó legalmente la Universidad del
Atlántico, por medio de la Ordenanza No. 42 expedida en aquel año por la Asamblea Departamental. El núcleo básico del Alma Máter estaba constituido por las Facultades de Comercio y Finanzas, Química y Farmacia, Ingeniería Química, la Escuela de Bellas Artes y el Castillo de Salgar. Desde entonces hasta los 90 la universidad fue creando facultades y programas.

Época de hostigamiento

El edificio de la calle 68, hoy Bellas Artes, fue la primera sede de la Universidad del Atlántico.

Castillo recuerda que entre 1998 y 2010, la universidad fue sometida a un proceso de hostigamiento y sometimiento que terminó con casi 150 víctimas, de los cuales 25 aproximadamente fueron asesinatos a dirigentes estudiantiles, docentes, trabajadores que en últimas fueron amenazados y desplazados. “Fue una época de terror y de miedo, con unos costos irreparables para la universidad”, sostiene.

Agrega que los costos no están valorados ni cuantificados, porque buena parte de los dirigentes que fallecieron eran jóvenes de alto rendimiento académico, otros profesionales brillantes, personas de gran capacidad intelectual que su pecado era tener un punto de vista distinto hasta que apareció el “fenómeno del paramilitarismo” y entonces se apoderó de la universidad la cultura del miedo.

“Las personas que estábamos aquí difícilmente podíamos compartir, teníamos recelos, éramos hostigados, señalados, se pavoneaban por la universidad por las casas de los dirigentes y de personas independientes”, dijo al enfatizar que hubo muchas víctimas inocentes en las listas de amenazados de esas organizaciones.

La administración de Castillo con grupos de estudios ha realizado ese inventario para saber con exactitud cuántas personas fueron sacrificadas y hostigadas y en próximos meses se realizará una audiencia donde formularán una serie de interrogantes al excomandante paramilitar Jorge 40.

Por esa situación, la Universidad vivió una época de poca  investigación y liderazgo académico. Se frenaron de alguna medida muchos de los procesos investigativos y la gente se redujo a realizar sus actividades básicas: los estudiantes, a sentarse y escuchar a sus profesores, mientras que estos,  a dictar las clases e irse para sus casas.

El sueño de Castillo en los 75 años de la Alma Máter es generar sentido de pertenencia, mostrar que la Uniatlántico es una universidad viva, creativa, dinámica, que tiene apuestas en diferentes campos: posgradual, investigativo, académico.
 
“La historia queremos utilizarla para acercarnos más a los sectores gubernamental, productivo, empresarial y social. La universidad tiene un contingente de hombres y de mujeres de muy buena formación académica. Los proyectos de investigación que adelantamos pueden resolver las demandas de los distintos actores de la sociedad”, dijo.
 
En sus 75 años la universidad ha graduado a 58.677 profesionales distribuidos así: pregrado 57.110; posgrado, 1.445; técnicos y tecnológicos 122.
 
El número de promociones registradas desde la fundación de la Universidad hasta el año pasado es de 134, según la base de datos de la oficina de egresados.
La primera egresada de la Universidad del Atlántico fue la señora Berta Díaz de Fernández, graduada en marzo de 1947, con el título de Químico Farmacéutico.
 
El profesor José Gabriel Coley destaca que la Alma Máter ha cultivado históricamente dirigentes estudiantiles, entre otros, a Pedro Claver Doria, en los años 40; José Name, en los 50, Horacio Serpa, en los 60, amén de Fuad Char, Ricardo Varela y Mario Varón, en los 70; Álvaro Asthon, en los 80, y del 2000 en adelante “fueron aniquilados muchos muchachos y sus esperanzas”. 
 
Fortaleza
La Universidad cuenta con el primer programa de desarrollo de las artes, con el Museo de Antropología que es patrimonio cultural de la Nación y alberga más de seis mil piezas, algunas de ellas prehistóricas. Tiene, según su rector, el complejo deportivo más grande del Caribe; es la única universidad con una facultad en ciencias básicas, y esta institución ha logrado que sus estudiantes estén hoy de docentes en diferentes universidades del país.
 
Semestre tras semestre, la Uniatlántico forma a 6.300 estudiantes en idiomas extranjeros. “Es el campus universitario más grande del departamento”, dice Rafael Castillo. 
Finanzas. La universidad está en un proceso de ley 550 y es  la única institución pública universitaria que se sometió a ese “recetario”. Lleva ocho años pagando unas acreencias del orden de los $130 mil millones y el compromiso de formar hasta ahora 22 mil estudiantes, después de un proceso de reestructuración liderado por la exrectora Ana Sofía Mesa. La antioqueña llegó a ese cargo en 2006, tras una crisis financiera que hizo tambalear la continuidad de la institución. 
 
Según datos de la oficina financiera, ahora la universidad está a $24 mil millones de cumplir esas obligaciones. El escenario para el pago de la deuda está planteado hasta 2019. El presupuesto de la universidad es de  265 mil millones de pesos.
 
Regalo
Conseguir la acreditación institucional es según el Rector, el mejor regalo que la comunidad uniatlanticense puede darle a la Alma Máter en sus 75 años. Con la celebración  de este aniversario esperan conseguir apoyo del gobierno nacional para la construcción de laboratorios, infraestructura, dotación de bibliotecas, fortalecimiento de los sistemas de información y nuevas tecnologías. 
 
En el sur
El gobernador del Atlántico, José A. Segebre, sostuvo que la Uniatlántico contará con nueva sede en el municipio de Suan en el sur del departamento.  El contrato para su ejecución cuesta $15.879 millones y el objetivo de esta iniciativa es regionalizar la educación superior, mediante la construcción de una sede con capacidad para 2.000 estudiantes. Los municipios beneficiados serán: Repelón, Manatí, Candelaria, Campo de la Cruz, Santa Lucía y Suan, en Atlántico.
 

Hitos del movimiento estudiantil

Según el profesor José Gabriel Coley, en 1940 los cupos eran aún reducidos porque sólo había expectativas.

Los muchachos pedían reivindicaciones académicas, profesores de calidad, laboratorios, bibliotecas e implementos deportivos, aunque los dirigentes de la época luego sobresaldrían en la política como Pedro Clavel Doria, por ejemplo.

Década de los 50
Después de la fundación de las facultades de Arquitectura y Derecho, la población estudiantil creció y los jóvenes reproducían debates de interés social del país. Tanto así que participaron en la jornadas nacionales que dieron al traste con la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Un alumno distinguido de la época fue José Name Terán, gestor de la estampilla pro ciudadela.

Década de los 60
La década del 60 madrugó con la revolución cubana, cuya onda expansiva la recibió primero el Caribe y la Universidad. “Fidel, seguro, a los yanquis dale duro”. Ya las Farc eran protagonistas y luego el E.P.L. Los estudiantes liberales y conservadores que predominaron históricamente en la Alma Máter fueron reemplazados por dirigentes de izquierda.

Década de los 70
El más grande, masivo y prolongado movimiento estudiantil colombiano fue el que se desarrolló en 1971. Ese fue nuestro “Mayo francés”, dijo Coley, y tuvo en la universidad uno de los principales bastiones. Ideas, producción intelectual y desarrollo político. “La Universidad es eso; controversia, debate, desacuerdo, nunca unanimidad”.

Década de los 80
El decreto 080 de 1980 fue fatal para la universidad pública del país. Turbay Ayala acabó con lo poco que se tenía en materia de autonomía. “El Estado volvía a nombrar rectores autoritarios para domesticar al movimiento estudiantil”. En esos tiempos estudió Seuxis Hernández (Jesús Santrich), el “canciller” de las Farc, hace parte de los diálogos de paz en La Habana.

Década de los 90 y 2000
Desde fines de los años 90 hasta fines del 2010, se instaló una década sombría: masacre a estudiantes, masacre a trabajadores, masacre laboral, exilios, persecuciones sin par y jubilaciones a la fuerza. Pero hubo oposición y dignidad y se sobrevivió, expresándose en el movimiento estudiantil de 2011 que, sin remilgo, fue la resurrección de todo el acumulado de lucha histórica.

 

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