El Heraldo
Jesús Blanquicet y Catalina Rojano. Archivo.
Sociedad

La génesis de dos premios contados desde la región

Jesús Blanquicet y Catalina Rojano resultaron ganadores en la XIV edición del Premio de Periodismo Regional que entrega Semana y el Grupo Argos.

Hace solo unos pocos años Jesús Blanquicet y Catalina Rojano compartieron el frenesí de la noticia que se vive en la sala de redacción de EL HERALDO. En fuentes diferentes, él en judiciales y ella en tendencias, que ahora es sociedad, correteaban las noticias del día a día.

Ese ejercicio de reportería diaria les dio el músculo necesario para hacer buen periodismo y volver a compartir en un nuevo espacio, esta vez en la XIV edición del Premio de Periodismo Regional Semana – Grupo Argos, ‘El país contado desde las regiones’.

Blanquicet, hoy editor judicial de esta casa editorial, y Rojano, catedrática en Periodismo de la Universidad Autónoma del Caribe, fueron premiados en las categorías de ‘Mejor trabajo escrito para internet’ con la crónica Jeorgina, la mujer trans wayuu que desafió su cultura; y ‘Mejor trabajo de opinión’ con la columna dominical La lengua no tiene sexo. Los dos fueron publicados en EL HERALDO.

Como lo informó Semana, el jurado, conformado por María Elvira Arango, directora de Los informantes; Cristina Castro, editora general de Semana; Estefanía Colmenares, directora del diario La Opinión de Cúcuta, y Diana Acosta, secretaria de Cultura y Patrimonio del Atlántico, seleccionó los trabajos ganadores entre 122 postulados que contaron historias narradas desde diferentes regiones de Colombia. Los premios se repartieron en seis categorías.

Jeorgina no será olvidada

Si hay algo que tiene claro Blanquicet es que en la historia de la mujer trans wayuu octogenaria con la que ganó el premio, todavía hay muchos capítulos por contar. Por eso, una vez lo reciba se prometió a sí mismo volver con la reportera gráfica Mery Granados a la ranchería donde la conocieron, zona rural del municipio de Uribia (en La Guajira), a darle la noticia de su premio y demostrarle que no la han olvidado.

“La publicación”, describe Semana, tiene la intención de dar a conocer las adversidades y desafíos que enfrenta la población LGBTIQ+ dentro de las comunidades indígenas del país. El relato de Jeorgina, una indígena trans, muestra cómo a los 12 años se vistió con una manta guajira y, pese a las burlas, señalamientos e insultos, salió a las calles de Uribia, en La Guajira, convertida en una mujer”.

Para Blanquicet, este premio y la receptividad que tuvo su crónica cuando fue publicada en EL HERALDO, es “un reconocimiento de que la gente en el país ya está abriéndose como para poder aceptar estos temas, para poder entender y asumir esta realidad en la que existen matices diversos en el país y en el mundo. Nosotros con nuestro trabajo periodístico aportamos mucho para que se pueda visibilizar todo esto”.

“Cata redacta”

Escribir la columna titulada 'La lengua no tiene sexo' le tomó a la comunicadora, periodista y catedrática Catalina Rojano, unas cuatro horas. Sin embargo, el trabajo de investigación previo fue “gigantesco”.

“Hace varios años vengo con la intención de entender la lengua española. Nosotros desde que nacemos hablamos y escuchamos el español, pero tal vez no entendemos bien las palabras, la etimología, el porqué de todas esas reglas que la Real Academia Española de la Lengua tiene”.

En esa línea surgió la idea de escribir la columna premiada, de lo que Rojano veía en las redes sociales, de como escribe la gente en las plataformas y cómo se han ido integrando algunos símbolos como el @” o palabras “que tratan de fusionar géneros como el masculino o el femenino, e incluso aplican para integrar hombres, mujeres y transexuales como el famoso ‘todes’ o ‘les niñes’, o ‘les jóvenes’.

“La lengua de alguna manera está sufriendo los golpes de unas luchas sociales que son válidas, que tratan de reivindicar derechos de seres humanos que intentan ser valorados desde su humanidad, pero tal vez modificar la estructura de las palabras  no es la manera más indicada. No es necesario hacer eso para dignificar al género femenino”, argumenta la autora.

Agrega que precisamente en esa misión de proponer un mejor uso de la lengua española, el año pasado la catedrática inició un proyecto que se llama ‘Cata redacta’, con el que en redes sociales, sobre todo en Instagram, publica consejos de redacción, indicaciones “de cómo escribir, qué se debe hacer, qué no y cómo expresar de mejor forma algo”.

Además de este espacio, Rojano promete desde su columna de los domingos en esta casa editorial seguir defendiendo la lengua castellana, principal materia prima del periodismo hispanoamericano.

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