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Desde el sur de Francia, donde reside desde hace más de dos décadas, la artista barranquillera Rosario Heins sigue apostándole a una propuesta pictórica que trasciende todo tipo de fronteras.

Su más reciente exposición de arte Luz del sol, reafirma un lenguaje visual propio, profundamente ligado a sus raíces costeñas, pero reinterpretado desde la experiencia europea.

Con más de 45 años de trayectoria, Heins ha logrado una evolución constante en su búsqueda estética. Su obra, ampliamente reconocida en Francia, ha sido descrita como única por su capacidad de capturar la esencia del Caribe colombiano desde una mirada contemporánea y demasiado humana.

En entrevista con EL HERALDO, la pintora abrió las puertas de su universo creativo, mismo en el que el color, la luz, el movimiento y la memoria se relacionan para construir escenas que conectan entre sí y con el espectador.

Constante movimiento

Uno de los rasgos más distintivos de la pintura de Heins es la sensación de dinamismo que atraviesa cada una de sus piezas. Sus personajes no permanecen estáticos, caminan, corren, conversan, se desplazan dentro y fuera del lienzo, creando así una narrativa continúa, así lo explica Heins.

“Yo trato de buscar mucho movimiento, porque me gusta que los cuadros se vean dinámicos. Es raro que estén fijos, casi siempre están caminando, yéndose o regresando”.

Cortesía

Esa intención se traduce en exposiciones que funcionan como una gran escena fragmentada, en la que cada cuadro forma parte de un todo. “Cuando hago una exposición, hay una unidad. Se vuelve como una escena de playa donde todos los cuadros se hablan entre sí”, añadió.

Rosario se graduó como maestra de Artes Plástica en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal, pero recuerda que antes de convertirse en profesional, ya se inspiraba en lo propio y sabía cómo quería enfocar su carrera.

La dignidad de lo cotidiano

En el centro de su obra habitan personajes que, para muchos, podrían pasar desapercibidos como los vendedores ambulantes, las familias en vacaciones, los niños jugando y las mujeres trabajadoras. Sin embargo, en el universo de Heins, estos personajes adquieren una dimensión poética y humana.

“Siempre encuentro belleza en medio de este mundo difícil. En medio de la pobreza hay una generosidad enorme. Siempre hay personas lindas, espontáneas. Mi relación con estos personajes no es distante ni meramente estética, pues yo construyo vínculos reales con ellos, reconociendo su valor dentro de la obra. Ellos saben quién soy yo. Cada vez que voy, tomo fotos y les pago. Saben que están revalorizados en mi pintura”, afirmó a EL HERALDO.

Cortesía

Este enfoque convierte su trabajo en un homenaje a la cultura popular del Caribe, especialmente a esa economía informal que, aunque muchas veces es invisibilizada, forma parte esencial del paisaje social latinoamericano. “Las palenqueras, por ejemplo, ocupan un lugar especial en su producción, fruto de una relación que se ha extendido por más de cuatro décadas”.

El lenguaje identitario

Hablar de la obra de Rosario Heins es hablar, inevitablemente del color. Su paleta cromática es audaz y representativa del Caribe colombiano.

“Trabajo con colores vivos, alegres. Una vez alguien dijo que mis colores se mezclan sin vergüenza, y me encantó esa definición. Lejos de seguir reglas estrictas, yo apuesto por combinaciones libres, guiadas por la intuición, pero siempre en busca de una composición armónica. En mis cuadros, el color no solo construye la imagen, sino que transmite sensaciones como el calor, la alegría y la vitalidad”.

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El Carnaval, la luz del sol, los objetos cotidianos como flotadores, frutas o telas, son elementos que alimentan esta presentación cromática. “El Caribe es color puro por todos lados”, puntualizó.

Más que una profesión, la pintura es para Heins una forma de existir. “Es una pasión más fuerte que yo. La pintura y el dibujo hacen parte de mi vida, es una forma de vivir”, concluyó.

La exposición estará hasta el 22 de mayo en la Gálerie Prévert de Mauguio, Francia.

CortesíaRosario Heins tendrá la exposición hasta el 22 de mayo en Francia.