En Barranquilla la comida no solo alimenta, también cuenta historias. Cada bocado encierra siglos de mestizaje y creatividad popular. Así lo afirma la experta en gastronomía caribeña Daniella Hernández, quien aseguró a esta casa editorial que la cocina local es el resultado de un crisol de influencias culturales que vienen desde la época precolombina, pasando por la colonia y enriquecidas con el legado africano.
El maíz, la yuca, el plátano y el pescado, que son base de la alimentación indígena, siguen vigentes hoy en platos cotidianos que se consumen en la ciudad.
La llegada de los españoles introdujo nuevas técnicas culinarias, mientras que las comunidades afrocolombianas aportaron sabores, métodos de cocción y una identidad que hoy define el carácter de la gastronomía barranquillera.
“La mezcla de estas influencias dio origen a una cocina única, donde lo tradicional y lo moderno se fueron incorporando. En ese panorama, productos como los bollos, las empanadas, bebidas refrescantes como el patillazo y la comida rápida no solo sobreviven, sino que se reinventan y se mantienen como protagonistas del día a día”, dijo Hernández.
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En el marco del cumpleaños de Barranquilla, EL HERALDO recorrió las calles de la Arenosa para dialogar con cuatro emprendedores que mantienen viva esta tradición culinaria, desde el bollo de mazorca y de angelito, hasta el patillazo con limón, pasando por las infaltables empanadas y la comida rápida. Cada una de estas historias reflejan esfuerzo, herencia familiar y un arraigo por el sabor costeño.
Tradición que se hereda
El bollo es uno de los alimentos más representativos de la costa Caribe y en Barranquilla ocupa un lugar privilegiado. Zuly Valdez, vendedora en la calle 73 con carrera 41C, lleva más de dos décadas manteniendo viva esta tradición que viene desde generaciones atrás. “Eso viene desde mi abuela, desde Palenque. Es una tradición de mis tatarabuelas que hemos seguido. Mi mamá nos sacó adelante con esto y hoy yo soy profesional gracias a los bollos”, contó con orgullo.
Su rutina comienza desde las 6:00 a. m., cuando compra la materia prima en el mercado. Luego, en horas de la tarde, instala su punto de venta donde permanece hasta la noche.
“El secreto de que mis bollos se vendan tanto es que son hechos con mucho amor y con mucha dedicación. Eso es lo que hace que la gente siempre vuelva”, aseguró. Daniella Hernández mencionó que este tipo de preparaciones son fundamentales en la identidad local.
“El maíz es un elemento ancestral que sigue vigente. Comer un bollo es conectarse con la historia de la región”.
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Patillazo refrescante
En el calor barranquillero pocas cosas son tan refrescantes como un patillazo con limón. Omar Antonio Díaz, quien lidera ‘El propio patillazo con limón’, lleva 25 años al frente de este negocio familiar que heredó de sus padres.
“Mi papá y mi mamá empezaron esto, y cuando él falleció yo quedé aquí. Gracias a Dios, a pesar de los percances, aquí seguimos”, contó el hombre que se ubica en inmediaciones de la Universidad del Litoral.
Su producto estrella se vende durante todo el año, gracias a la constante producción de la fruta en distintas regiones del país. Díaz explicó que la patilla nunca se acaba porque la cultivan con riego en los Llanos y también en la Costa cuando es temporada. “El éxito está en la constancia y el sabor. La gente siempre vuelve porque esto es fresco, es natural, y es parte del día a día del barranquillero, además de echarle buen limón, porque le da ese toque especial. Por eso es que normalmente vendemos dos ollas grandes de patillazo”.
Evolución del sabor local
La comida rápida también hace parte del ADN gastronómico de Barranquilla. Sin embargo, lejos de desplazar lo tradicional, ha sabido adaptarse e incorporar sabores propios del Caribe.
En Barranquilla, el crecimiento de marcas locales de comida rápida ha estado marcado por procesos que con el tiempo han tenido una gran evolución, inician con informalidad y posterior consolidación empresarial.
En ese contexto se ubica Max Gordos, liderado por ‘El gordo’, una propuesta que se ha posicionado como una de las más reconocidas en la ciudad.
“La calidad del producto, las porciones y el sabor juegan un papel fundamental en nuestros platos. En Max Gordos hemos desarrollado características propias, tenemos salsas con identidad local, porciones abundantes y lo que nos identifica siempre en Barranquilla es la salsa tártara en las comidas rápidas y en la salchipapa”, dijo. Hoy, ‘El gordo’ cuenta con varios puntos en la ciudad y otras partes del país.
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Empanaditas crocantes
Las empanadas y los fritos son otros infaltables en las calles de Barranquilla. Hernando Castro, creador de las reconocidas ‘Empanaditas de Telecom’, inició su negocio en los años 80 tras llegar desde Manizales en busca de oportunidades.
“Esto nace de la necesidad de trabajar. Nosotros no teníamos estudios ni un empleo fijo, entonces empezamos vendiendo jugos y después empanadas”, mencionó.
Con el tiempo, perfeccionó su receta hasta convertirla en un referente, asegurando que el secreto es un buen guiso, puro maíz y, sobre todo, el amor que se le pone a la preparación. Esa fue su clave para salir adelante. Hoy, su negocio es familiar y ha logrado consolidarse como un punto tradicional en Barranquilla.
“Aquí trabajan mi familia, mis hijos, mis sobrinos. Esto es más que un negocio, es nuestro sustento. El propio Telecom hace muchos años nos dio el permiso para vender y hasta el sol de hoy seguimos aquí deleitando a toda Barranquilla con nuestras crocanticas empanadas”.





















