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La Arquidiócesis de Barranquilla se prepara para una de las celebraciones más significativas de la vida de la Iglesia.

Este sábado, a partir de las 10:00 a. m., se llevará a cabo la ordenación de nuevos sacerdotes y diáconos en la Catedral Metropolitana María Reina.

Será un momento de júbilo para la comunidad católica, que ve en estas vocaciones una señal de esperanza y renovación en la fe.

Las ordenaciones en Barranquilla no tienen una fecha fija en el calendario; se realizan según el número de candidatos que cumplen con el proceso de formación y están listos para recibir el ministerio. Algunas veces se celebran cada año, en otras ocasiones el tiempo de espera es mayor.

En los últimos años, la arquidiócesis ha sido testigo de varios momentos históricos. El 17 de junio de 2023, fueron ordenados cinco presbíteros; y el 30 de noviembre de 2024, tres diáconos recibieron el sacramento del orden en su primer grado. Precisamente, esos tres diáconos serán ordenados sacerdotes en la ceremonia de este sábado, completando así el camino que comenzaron en su servicio al altar y a la comunidad.

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EL HERALDO le presenta a cuatro de los diez que se preparan para estas ordenaciones. Los diáconos son ministros ordenados, que sirven en la caridad, la liturgia y la palabra, y los sacerdotes lideran las ceremonias religiosas.

Andrés Felipe Carranza Mier

Cortesía

Luego de una experiencia formidable como seminarista, se prepara para ser diácono. Para él, es un regalo de Dios: “Recibir la ordenación diaconal es una gracia, un don que el Señor ha puesto en mis manos para configurarme a su manera: servir siempre a los demás, sin reservas”.

Creció en el barrio Rebolo, en Barranquilla, en medio de una familia que, aunque enfrentó dificultades económicas, siempre lo formó en la fe y en valores sólidos.

Sus padres fueron los primeros en sembrar en su corazón la semilla de la vocación, llevándolo desde niño a la iglesia y enseñándole el amor a Dios.

“Me motiva saber que la obra no es mía, es de Él. Yo soy solo un instrumento para que sea Él quien obre en favor de todos y estoy preparado para asumir esto con total esperanza”.

Francisco Javier Llanos Cabrera

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A sus 34 años, reconoce que su historia está marcada por la gracia y la misericordia de Dios. Es diácono de la Arquidiócesis de Barranquilla y se prepara para servir como sacerdote, un ministerio que asume con humildad y gratitud.

Para él, este paso no se trata de un mérito personal. “El Señor se ha fijado en mí, a pesar de mi humanidad y de mis debilidades. Ha hecho y seguirá haciendo obras grandes en mi vida, en favor de los más necesitados y de quienes me verán como un Cristo más”.

Su vocación comenzó a gestarse en la Eucaristía dominical. Desde niño, su familia lo llevaba cada semana a la misa en su parroquia, y fue allí, en un domingo cualquiera, donde sintió con fuerza la voz de Dios. “En la misa el Señor me tocó el corazón y me llamó”.

José Esteban Betancourt Vásquez

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Tras un retador camino como diácono, está listo para ser sacerdote. Esta ordenación la ve como el cumplimiento de una promesa que Dios le hizo hace más de una década, cuando en medio de una vida cómoda y aparentemente plena sintió un vacío que nada lograba llenar. “Tenía una carrera, trabajo, dinero y cosas materiales, pero dentro de mí había un sin sentido.

Fue entonces cuando el Señor tocó a mi puerta y me invitó a experimentar su amor. Ese fue el inicio de este camino”. Se define como un hombre alegre y extrovertido, aunque tímido en entornos nuevos. “Sé que no soy el mejor en nada, ni el más elocuente ni el más constante, pero Dios me ama así, sin exigirme cambiar, eso me da paz. Estoy listo para servir”.

Yordan Enrique Fernández Wright

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Como seminarista, este joven de 28 años será ordenado diácono. Lo asume con gratitud y con lo que él mismo llama un “temblor santo”, consciente de que su historia ha sido fruto de la gracia de Dios que lo ha acompañado en cada paso. Para Yordan, este momento es un don inmerecido, una elección de Dios que se fijó en su pequeñez y lo fue moldeando con paciencia.

“Cuando soy débil, entonces soy fuerte, porque la fuerza no proviene de mí, sino de Cristo que me sostiene”, asegura recordando las palabras de san Pablo.

Su vocación la entiende como una entrega radical de servicio. Desea prolongar la Eucaristía en la caridad, especialmente hacia los pobres y los más necesitados, no solamente ocupar un lugar en la iglesia.