Rincón Juniorista | EL HERALDO

El Heraldo
Daniel Moreno celebrando el primer gol de los dos que le marcó a Patriotas, el miércoles anterior. Ya suma cuatro en el semestre. Josefina Villareal
Rincón Juniorista

“Mami, mándame el pasaje que me devuelvo a Apartadó”

Daniel Moreno habló con EL HERALDO sobre su buen momento en Junior y recordó las dificultades y los días en que estuvo a punto de rendirse en su lucha por convertirse en futbolista profesional. Llegó a los rojiblancos ya con 18 años de edad.

Habla con nobleza. Sin ínfulas de nada. En la primera llamada que EL HERALDO le hizo a Daniel Moreno para cuadrar esta crónica, el teléfono le timbró varias veces y se fue a buzón de mensajes. Resultó inevitable suponer y especular que difícilmente respondería a un número desconocido un día después de anotar dos goles en la victoria de Junior 4-0 sobre Patriotas, el miércoles anterior. En las horas felices de un futbolista, todos suelen aparecer a su alrededor, todos le escriben, todos lo felicitan, todos lo llaman, por eso la lógica indicaba que esa vía se encontraba congestionada y había que intentar con otra. Pero oh sorpresa, a los 5 minutos, el atacante evidenció su sencillez y devolvió el telefonazo. 

- Aló. Hola, Daniel. Te contestamos de EL HERALDO, te llamamos ahorita porque queremos hacerte una entrevista sobre tu buen momento en Junior, tus orígenes en el fútbol y de distintos aspectos de tu vida.
-Ah bueno, no hay problema.

Con un diálogo amable y breve se cuadró todo rápidamente. Aceptó sin condiciones, sin pretensiones, sin prevenciones. “Siempre trato de mantener los pies sobre la tierra”, dice Moreno con su tenue tono de voz, ya en medio de la entrevista.

El delantero, uno de los jóvenes fortalecidos y fogueados en el Barranquilla FC que hoy abundan en la nómina de Junior, contabiliza cinco goles en esta temporada (uno en la Copa Águila, uno en la Copa Sudamericana y tres en la Liga). Pero esas cinco anotaciones no lo hacen cambiar un chip que contiene aspiraciones mucho más altas.

“Estoy seguro de que este no es el máximo mío, voy creciendo, la hinchada va a tener un Daniel Moreno dispuesto a aprender. De a poco me iré soltando”, afirma.

Esa disposición y ese deseo constante de recibir enseñanzas es lo que tiene a Moreno jugando fútbol de primera división y soñando con escalar a  la cima. Era un talento prácticamente anónimo y solo hasta los 18 años pudo llegar a un equipo profesional (Junior), lo cual le significó algunas deficiencias técnicas y formativas que con su voluntad y dedicación ha venido puliendo. La definición, por ejemplo, un asunto que le generó algunas comparaciones injustas con Édinson Toloza, fue un asunto que empezó a trabajar durante y después de las prácticas. Por eso en los últimos partidos se ha reflejado una notable mejoría en ese aspecto.

“Me quedé después de varios entrenamientos con ‘Teo’ y Luis Díaz haciendo trabajos de definición. ‘Teo’ nos dio consejos, nos dijo a qué palo tirar según la posición”, confesó el extremo, que a la vez apuntó que el primer tanto que le marcó a Patriotas fue producto de aquellos ejercicios ‘extracurriculares’. 

 

 

Moreno y su madre, Cristina Mosquera Chaverra. Josefina Villarreal

Comienzos en Apartadó

Daniel es el tercero de los seis hijos (cinco varones y una dama) de la unión entre Cristina Mosquera Chaverra, una luchadora mujer que preparaba y vendía panes, entre otros oficios,  y Avelino Moreno Palacio, uno de los tantos trabajadores que se gana la vida en las fincas plataneras en el Urabá antioqueño. 

Carepa lo vio nacer el 17 de enero de 1995, pero en Apartadó se crió, creció y comenzó a corretear el balón. “Desde pequeñito jugaba en las calles. Íbamos al río, nos bañábamos, pescábamos, nos la pasábamos jugando y molestando”, recuerda Moreno.

En unos Juegos Intercolegiados, representando a la Institución Educativa El Reposo, Daniel Moreno fue la sensación y el técnico Denilson Rivas lo reclutó para Sintrainagro, un equipo que participaba en el campeonato local.

Ahí, jugando con los muchachos de su pueblo, transcurría la vida deportiva de Moreno sin que nadie de un club antioqueño notara sus virtudes. En 2013, cuando el atacante ya tenía 18 años, Rivas decidió llamar a Henry Peralta Valentierra, cazatalentos de Junior en ese entonces, para que le realizara una prueba al larguirucho jugador.  

Con el apoyo de Rivas (“una persona con la que estoy muy agradecido”, dice), Moreno agarró sus motetes y llegó a Barranquilla para presentar un examen en los Tiburones. “Recuerdo que había una multitud de jóvenes probándose. Estaba bastante nervioso, nunca había estado en un club así. Pero venía mentalizado”, rememora el delantero de 1,80 de estatura y 76 kilogramos de peso.

Lo vieron unas semanas y le levantaron el pulgar. Junior lo puso a vivir en la ‘Casa Hogar’ que disponía para algunos integrantes de su cantera y a partir de ahí comenzó un proceso en el que pasó por la guía de Peralta Valentierra, Melquicedet Navarro y Fernel Díaz. 

“El ‘profe’ Henry me ayudó mucho en mi proceso. El ‘profe’ Melquicedet siempre estaba dispuesto a colaborarme, le aprendí mucho, siempre quiso dar su mejor conocimiento, muchas veces se quedó conmigo después del entrenamiento mejorando los centros y la pegada al balón. Tenía muchas falencias y de a poco fui mejorando. Fernel Díaz me dio bastante confianza y jugué muchos partidos”.

Daniel y uno de sus amigos, Gabriel Fuentes. Josefina Villarreal

Ratos complicados  

Hubo un momento en que las esperanzas del ‘Niche’, como lo llaman algunos de sus compañeros, flaquearon. Junior decidió cerrar la ‘Casa Hogar’ y él  y otros muchachos tuvieron que arreglárselas para hallar un sitio en donde vivir. 

“Muchas veces me tocó acostarme sin poder comer algo y levantarme a luchar por tener un lugar en el equipo. Conseguir los guayos, comprar la comida, todo se me complicó. Son cosas que tiene la vida y que enseñan a uno a valorar las cosas”, expresa Moreno sin resentimientos, tomando todo lo que le pasó como una lección.

Y como no hay mal que por bien no venga, en su nueva zona de residencia, el barrio Villa Estadio, Daniel conoció a su novia, la barranquillera Paula Andrea Palacio. Ella y doña Cristina Mosquera Chaverra lo animaron a no bajar los brazos y seguir peleando por su anhelo. 

“En algún momento le dije a mi mamá que me mandara los pasajes que yo me iba para mi tierra. En mi casa, poquito o bastante tenía el pan diario, acá pasé momentos complicados, son cositas que se van reuniendo y hacen que uno quiera renunciar al sueño. Gracias a Dios tengo una madre que me apoya mucho, siempre se sacrificó por mí. Muchas veces dejó de comprar cosas para ella y mis hermanos para darme a mí”, cuenta el puntero.

“Al ver pasar los años, uno quiere surgir, nos llenamos de desespero y a veces tomamos malas decisiones”, agregó.

Afortunadamente aguantó y en el Barranquilla FC comenzó a derrochar la velocidad y habilidad que hoy lo tienen dando de qué hablar en el fútbol colombiano, donde muchos creen que es un caribeño más.    

“Todavía la gente no sabe que soy antioqueño, pero yo ya soy costeño (risas), son varios años ya por acá. En el pueblo me dicen que se me perdió el acento paisa (risas)”.

Admirador de Lionel Messi y de Juan Guillermo Cuadrado (“que es el mejor de mi posición”), Daniel Moreno aspira a jugar algún día en el Liverpool de Inglaterra (“un equipo que me gusta mucho”), pero “ahora solo pienso en Junior, en conseguir la anhelada estrella” y en continuar aprendiendo de la mano del técnico que le dio la oportunidad en primera división. 

“Comesaña es una persona importante para mi carrera, me ha dado confianza, nos ha ido bien. Estoy contento con el profe, cuando tiene que darme un buen regaño, lo hace y le aporta mucho a mi carrera”.

Pase lo que pase futbolísticamente en su carrera, espera entregarse al máximo, mantener su humildad y algo más: “Darle una mejor calidad de vida a mi familia, nos ha tocado duro, solo le apunto a eso, a darle una mejor calidad de vida”.

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