Como sucede cada cuatro años, funcionarios del Departamento Nacional de Planeación (DNP) estuvieron en la ciudad, presentando sus ideas en un taller de formulación de políticas para el desarrollo local. Más de 1102 alcaldes entrantes tienen que preparar sus planes de desarrollo municipal basados en su programa de gobierno, bajo la guía del Plan Nacional de Desarrollo y las políticas, programas y proyectos del gobierno nacional.
Sin duda, el Plan de Desarrollo de Santos reconoció a nivel retórico la tremenda desigualdad en el desarrollo regional existente en el país y la falta de convergencia en el mismo. Sin embargo, es bien sabido, que la suerte de cada territorio se juega en la arena de lo local, según la matriz institucional existente, sus competencias territoriales, sus capacidades y la inteligencia en articular todas estas instancias.
Hay acuerdo en que una estrategia de desarrollo local debe definir bien sus objetivos, basados en la información que se posee sobre el territorio y con un enfoque adecuado inspirado en el programa de gobierno. Dicha estrategia debe garantizar la participación ciudadana en la construcción de las mismas, con un adecuado respaldo técnico. Una vez hecho esto, el monitoreo constante de lo que se hace es la clave de una buena gestión, pues en el sector público, la gente tiende a confundir lo que se consigna en los papeles con la realidad. Tener los pies en la tierra es una cualidad básica de una buena gestión.
Al evento en mención asistimos académicos y funcionarios del orden departamental y municipal. Fue un buen espacio para discutir los problemas del municipio, el liderazgo, y sobre todo, su apabullante falta de capacidad institucional. En el Atlántico, si aún el gobierno distrital es débil, nos podemos imaginar lo que sucede con los otros municipios.
Los funcionarios nacionales percibieron el descontento de los asistentes con el gobierno nacional, en la medida en que éste no ha cumplido con las tareas de fortalecer la institucionalidad local.
El primer golpe recibido, además de las sucesivas reformas al Sistema General de Participación (SGP), las cuales recortaron la dinámica del crecimiento de las transferencias, fue la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, donde el Congreso y el gobierno Santos mostraron su insensibilidad con los 2.5 millones de votos por la autonomía regional. Lo que se produjo fue el desarrollo de unas instancias de regionalización raquíticas, a sostener con nuestros precarios recursos, fase que ya habíamos vivido con el desaparecido Sipur.
Claro que los departamentos ricos, y los territorios con buenos ingresos tributarios, serán capaces de fortalecer estas instancias, y por tanto estarán mejor preparados para enfrentar el segundo golpe. Este consistió en la reforma constitucional al sistema de regalías.
Bajo la zanahoria que la 'mermelada se iba a untar en toda la tostada', la ley reglamentaria en curso ya muestra la verdadera catadura de lo que va a suceder: el peso poblacional tiene una mayor ponderación en el reparto y como quiera que los fondos son bolsas a los cuales se acude con proyectos, los territorios con más capacidad económica para invertir en estudios de prefactibilidad ganarán la partida.
No nos extrañe por tanto que las regalías vayan a servir para hacer el cierre financiero del metro en Bogotá y la autopista de la montaña en Antioquia. Mucho, pero mucho esfuerzo nacional se necesitará para mejorar el desarrollo local, cuando los ingresos corrientes de los municipios pobres son ridículos por su propia pobreza.
Estos funcionarios deberían pasarse dos semanas en Campo de la Cruz, Tiquisio, Simiti, Ayapel y Manaure por ejemplo, para que entiendan mejor el tema, y entiendan lo que en verdad se necesita para impulsar el desarrollo local. Así no perdemos el tiempo en esto.
Por Jairo Parada







