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Putin se zambulle en agua helada en la Epifanía ortodoxa pese a la Covid-19

El origen del ritual, que se celebró en más de 500 templos este año y recrea todos los 18 y 19 de enero el bautismo de Jesús de Nazaret.

El presidente ruso, Vladímir Putin, se zambulló en una poza con agua helada con motivo de la celebración del Bautismo de Cristo, pese a las advertencias de autoridades sanitarias y religiosas por la pandemia del coronavirus.

En un vídeo difundido por el Kremlin, se observa cómo el mandatario ruso, ataviado con un bañador azul, entra en una poza en forma de cruz y se sumerge tres veces, santiguándose antes de cada inmersión, como reza la tradición ortodoxa.

Putin, de 68 años, descendió al agua gélida por una escalera de madera para evitar resbalones y, al salir, se dispuso a calzar unas tradicionales botas de fieltro para soportar el frío.

Frente a la poza, que está completamente rodeada de nieve junto a una casa de madera, se encuentra una cruz de hielo de más de dos metros de altura.

Putin, un creyente confeso, se da todos los años un baño en un estanque después de asistir a la tradicional misa de Epifanía, una de las festividades más importantes de la Iglesia Ortodoxa.

La celebración ha coincidido este año con una brusca bajada de temperatura, que ha alcanzado valores mínimos de 25 grados bajo cero, y en la región de Moscú, donde presuntamente se bañó Putin, el termómetro marcó 18 grados bajo cero.

El Kremlin siempre presume que el presidente ruso está "absolutamente sano" y tiene una salud de hierro.

La epifanía rusa

Este año la celebración de la Epifanía en Rusia estuvo marcada por la pandemia, con múltiples llamamientos a prescindir de los baños con agua helada, y en algunas regiones, como Tomsk, Yakutia, Omsk, Magadán, Kamchatka y la región de Jabárovsk se impusieron prohibiciones o restricciones parciales.

Los popes bendijeron desde la madrugada con crucifijos de plata miles de pozas, estanques, ríos e incluso claros en el mar para que los rusos pudieran cumplir con su sagrada costumbre de la Epifanía.

Los fieles deben descender por una escalera de madera para evitar los resbalones y sumergirse tres veces en el agua, al tiempo que se persignan, piden a Dios que expíe sus pecados y rezan por su propia alma y la de sus seres queridos.

Solo en Moscú durante el lunes y la madrugada del martes más de 100.000 personas participaron en esta ceremonia, lo cual, si bien significa una reducción de un 20 % respecto al año pasado, no deja de ser una cifra considerable en tiempos del coronavirus.

El origen del ritual, que se celebró en más de 500 templos este año y recrea todos los 18 y 19 de enero el bautismo de Jesús de Nazaret, se pierde en los siglos y hay quienes se lo adjudican a los escitas, mucho antes del nacimiento de Cristo.

El número de lugares acondicionados para esta ceremonia se redujo este año en un tercio con respecto al año anterior debido a la pandemia, según el Ministerio de Emergencias de Rusia.

El jefe de inspección fluvial del departamento, Andréi Pechenin, señaló que había 2.630 espacios autorizados para bañarse, cuando el año pasado fueron 3.836.

Advertencias y prohibiciones

Para el arzobispo Ilarión, jefe de las relaciones externas de la Iglesia Ortodoxa Rusa, estos baños no son una buena idea en estos momentos.

"En la situación actual en la que el virus hace de las suyas y muchas personas están débiles tras la enfermedad, no recomiendo a ningún creyente ortodoxo sumergirse en un río helado", dijo en el canal de televisión Rossiya 24.

Mientras en muchas regiones rusas las cosas no han ido más allá de las advertencias, en otras, con un gran número de contagios como Tomsk, Yakutia, Omsk, Magadán, Kamchatka y la región de Jabárovsk, esta práctica ha sido restringida por las administraciones regionales o las autoridades eclesiásticas.

Según comentó a Efe un portavoz de la diócesis de Tomsk, se prohibió la celebración en dos lagos de gran afluencia de público, aunque dejó abierta la posibilidad de utilizar otros espacios.

En las restantes localidades y aldeas la decisión quedó a cargo de la administración y la población, afirmó, al señalar que es la primera vez que se toma esta medida.

La Diócesis de Yakutia también canceló los baños, pero propuso en cambio repartir agua bendita a los feligreses, afirmó a Efe la monja Elizaveta Senchukova.

Una "buena tradición"

En tanto, el padre Alexandr de la Iglesia de San Nicolás, en las afueras de Moscú, defendió los baños en agua helada, aunque admitió que "no son canónicos" y "nadie exige que la gente se bañe".

"Mientras la jerarquía eclesiástica no lo prohíba, y vea estos rituales con amor y paciencia, pienso que para muchos se trata de una buena tradición, de un acercamiento a Dios", dijo a Efe.

Para el clérigo, esta fiesta debe ser de fe y no "un baile de máscaras" de gente que no cree y jamás visita la Iglesia.

Es por ello que junto a su parroquia edificó una pila bautismal especialmente acondicionada para garantizar la seguridad.

Y es que no todos se sumergen en ríos o lagunas, también se acondicionan tanques de agua o piscinas inflables o estructurales, siempre con la presencia de sacerdotes.

Las aristas de la epifanía

Aunque tiene un trasfondo religioso, esta celebración va más allá, es también la posibilidad para muchos de acceder a experiencias extremas o demostrarse a sí mismos de lo que son capaces.

"A la Epifanía viene gente muy diversa: algunos creyentes, otros vienen a hacerse más resistentes, algunos piensan que así mejorarán su salud", comentó a Efe Dmitri Titov, un ingeniero químico para quien es igual de peligroso "besar íconos en la Iglesia que hacer colas para sumergirse" en el agua helada.

Titov, quien habitualmente acude a estos festejos, es de aquellos que no fue este año a una poza pública, sino que optó por echarse un cubo de agua recién sacada del pozo de su dacha (casa de campo): "no le temo al agua helada, sino al coronavirus".

Además de los fieles ortodoxos, en las zambullidas participan amantes del riesgo y los "morzhí" (morsas), grupos de aficionados a los baños a la intemperie en invierno, que creen firmemente en que esa actividad extrema alivia y previene los catarros, enfermedades coronarias, infartos y derrames cerebrales.

A su vez, millones de rusos acuden hoy a las iglesias para recoger en botellas y bidones el agua bendecida por los popes, en la jornada en la que se rememora el bautismo de Jesucristo por San Juan Bautista en el río Jordán.

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