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La 98ª edición de los Óscar que se llevará a cabo este domingo 15 de marzo en el Dolby Theatre de Los Ángeles se celebra en un clima de fuerte tensión internacional, marcado por la escalada bélica en Irán, la creciente polarización geopolítica y las polémicas reformas migratorias impulsadas por la Casa Blanca.

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Justamente, tras el primer ataque registrado contra Irán, el pasado sábado 28 de febrero, por parte de Estados Unidos e Israel, se han desarrollado una serie de bombardeos que han desatado caos en Medio Oriente. Ante esto, las autoridades norteamericanas han reforzado su seguridad en el marco de la realización del evento más importante en la industria del cine.

Octavio Guzmán/EFE

Esta medida responde a un mensaje preventivo por parte del FBI sobre posibles amenazas de ataques con drones iraníes en el estado de California, donde se realizará la gala de premiación.

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De acuerdo con medios internacionales como Variety, el FBI emitió un boletín de carácter preventivo en el que manifiesta que obtuvo información sobre una presunta intención de utilizar vehículos aéreos no tripulados contra objetivos no especificados en dicho estado.

Según People, el esquema de seguridad destinado para los premios Oscar contará con agentes del FBI y del Departamento de Policía de Los Ángeles, drones de vigilancia y perros antiexplosivos.

Octavio Guzmán/EFE

Además, The Los Angeles Times reveló que el Departamento del Sheriff del condado de Los Ángeles aseguró que el departamento seguía operando a un “nivel elevado de preparación y mantiene una mayor vigilancia”.

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La amenaza fue, sin embargo, desmentida este jueves por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien aclaró que “no existe tal amenaza por parte de Irán a nuestra patria, y nunca existió”.

Los Óscar encaran la edición más tensa bajo la sombra de Trump

Tras el silencio de los Globos de Oro, con una gala tibia y sosegada, la gala de los mayores premios del cine espera recuperar su carácter reivindicativo en un hervidero de expectativas donde el glamour parece haber cedido su protagonismo a la urgencia de posicionarse ante el divisivo y complejo contexto político.

Aunque las organizaciones de premios suelen optar por el silencio institucional para evitar represalias, la presión individual es la que suele forzar a que se usen los espacios para la reivindicación política.

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En los últimos meses, el activismo por parte de personalidades de Hollywood ha ido cobrando forma en las alfombras rojas con el pin ‘ICE Out’, con el que los artistas se ha posicionado contra las deportaciones masivas del Gobierno de Donald Trump.

El movimiento surgió en pleno estallido de las protestas en Estados Unidos tras la muerte de la activista Renée Good en Mineápolis a manos de agentes federales, un suceso que ha unificado a la comunidad artística contra la violencia migratoria.

También ha habido protestas silenciosas en los últimos años en favor de Palestina, con los pines rojos ‘Artists4Ceasefire’, simbolizando el apoyo al cese el fuego y la entrega de ayuda humanitaria en la región.

Javier Bardem y Wagner Moura, de las voces más feroces

El español Javier Bardem, el brasileño Wagner Moura o el estadounidense Marc Ruffalo se presentan en esta gala como una de las voces más feroces contra lo que está pasando en el mundo.

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Portando una kufiya palestina al cuello en apoyo a los gazatíes, el actor español alzó la voz durante la alfombra de la pasada edición de los Emmy para exigir sanciones contra “Estado genocida de Israel, no solamente por el genocidio en curso, sino también por el estado de apartheid que provoca tanto desgarro”.

Tanto Bardem como Ruffalo han liderado las críticas contra el belicismo en Oriente Medio, promoviendo un manifiesto que alcanzó las 1.400 firmas contra la colaboración con productoras israelíes vinculadas al conflicto con Palestina.

Por su parte, Moura, nominado este año a mejor actor por ‘The Secret Agent’, ha centrado su discurso en la protección de los trabajadores migrantes que sostienen la economía del entretenimiento.

Mucho ruido y pocas nueces

Por ahora, el debate sobre cuánto espacio ceder a la protesta frente al puro entretenimiento sigue abierto en los Óscar.

El mismo conductor de la gala de este año, el comediante Connan O’Brien prefiere pasar de puntillas sobre el asunto durante los preparativos de la ceremonia.

“Creo que lo que está sucediendo en el mundo será un equilibrio muy, muy fino, entre entretener a la gente y también reconocer algunas de las realidades”, indicó ayer en una rueda de prensa.

“El tono de nuestro espectáculo es muy festivo e inclusivo. Es un foro para la expresión artística, pero creo que Conan realmente ayuda a la gente a sentirse bien en la sala”, dijo por su parte a EFE el productor de los premios de la Academia, Raj Kapoor.

Un historial de poderosos discursos en el atril

La historia de los premios más prestigiosos de Hollywood atesora una herencia de momentos en los que se ha empleado su mayor escaparate para la confrontación política y social.

Sin ir más lejos, los creadores de ‘No Other Land’, el palestino Basel Adra y el israelí Yuval Abraham, ganadores del Óscar a mejor documental, pidieron el año pasado tras recoger su reconocimiento que se trabaje en una solución conjunta para poner fin al conflicto en Palestina.

“Hay un camino diferente, una solución política sin ninguna supremacía de los derechos nacionales para ambos pueblos” y la política exterior de EE.UU. “está ayudando a bloquear el camino” hacia la solución de los dos Estados, afirmó Abraham.

La sombra del primer mandato de Trump ya condicionó la gala de 2017, marcada por constantes alusiones al polémico veto migratorio y a la defensa de la diversidad cultural.

Aquel año, en los Globos de Oro, Meryl Streep empuñó un discurso en favor de los inmigrantes y en contra de la violencia política ejercida por el mandatario estadounidense.

Otro de los discursos más poderosos que se recuerdan fue en plena invasión de Irak bajo la presidencia de George Bush en 2003, el documentalista Michael Moore lanzó un incendiario ‘Shame on you, Mr. Bush’ (Vergüenza de usted, Sr. Bush) que dividió al grada entre abucheos y vítores.

Aunque el más memorable probablemente aconteció en 1973 cuando Marlon Brando rechazó su Óscar por ‘The Godfather’ (‘El Padrino’) y delegó en la activista Sacheen Littlefeather la denuncia al maltrato sistemático de la industria hacia los nativos americanos.