A simple vista, puede parecer que tu hijo o hija transita la escuela sin mayores complicaciones. Es común que respondan con un simple bien, cuando se les pregunta por sus clases, incluso cuando la realidad es muy distinta. Algunos niños ocultan sus dificultades por vergüenza, otros por miedo a decepcionar, y muchos porque ni siquiera identifican qué es lo que les cuesta. Por ello, observar su comportamiento cotidiano es clave para detectar a tiempo si necesitan apoyo adicional.
No hacer tareas
Una de las señales más habituales se manifiesta en la relación con las tareas escolares. Si las evita, las pospone o intenta hacerlas apresuradamente, podría estar enfrentando problemas de comprensión o sentirse abrumado por la carga académica. Esconder las tareas o inventar excusas para no realizarlas también puede ser una forma de protegerse del estrés y la frustración que le genera no entender un tema.
Malas calificaciones
Otra señal relevante aparece cuando las calificaciones empiezan a caer de manera sostenida. Esto no siempre significa falta de esfuerzo; en muchos casos revela que la enseñanza en el aula no está siendo suficiente para su ritmo o estilo de aprendizaje. Cuando un niño o niña intenta mejorar, pero sus notas no reflejan ese esfuerzo, un acompañamiento individual puede marcar una diferencia profunda.
La falta de motivación
Este es otro síntoma silencioso. Cuando ya no muestra curiosidad, se desanima con facilidad o parece desconectado de los estudios, podría necesitar un puente entre lo que aprende y aquello que le interesa. A veces, un tutor o una figura de apoyo externo logra reactivar su entusiasmo al presentar los contenidos de manera más cercana y significativa.
Problemas de aprendizaje
En situaciones donde existe una discapacidad de aprendizaje, como dislexia, discalculia o TDAH, las señales pueden ser más complejas. Estos niños y niñas suelen necesitar estrategias específicas, tiempos adaptados y métodos alternativos que muchas veces exceden las posibilidades del aula convencional. Un apoyo especializado no solo facilita el aprendizaje, sino que también les ofrece un espacio seguro para avanzar sin sentirse constantemente comparados con sus compañeros.
La autoestima académica
Este punto también juega un papel determinante. Cuando tu hijo o hija se frustra rápidamente, evita pedir ayuda o expresa que “no es bueno para la escuela”, puede estar lidiando con un profundo sentimiento de incapacidad. Estas percepciones, si no se atienden, pueden instalarse y afectar su bienestar emocional. Un acompañamiento adecuado puede ayudarle a reconstruir la confianza en sus habilidades.
En todos los casos, la clave está en mirar más allá de las palabras. Las señales están ahí: en el comportamiento, en el estado de ánimo, en los cambios sutiles de rutina. Intervenir a tiempo con apoyo emocional, comunicación abierta y, cuando sea necesario, tutoría especializada, puede transformar por completo su experiencia escolar y fortalecer su desarrollo integral. Guiarles en este camino no solo mejora su rendimiento, sino que les enseña que pedir ayuda también es una forma de aprender.


















