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El colegio Pinar del Prado se posiciona a la vanguardia con un modelo educativo que va más allá de la transmisión de conocimientos y, en línea con esta visión, busca la certificación del Programa de la Escuela Primaria (PEP) del Bachillerato Internacional (IB), reafirmando su compromiso con estándares internacionales y una educación centrada en el estudiante.

La rectora académica, Sulma Stella Robayo Galindo, explica que el proceso de indagación permea todas las áreas del saber en la institución, con el propósito de fortalecer la creatividad y el trabajo colaborativo. Este enfoque utiliza los recursos digitales con un propósito pedagógico claro, alineado con la filosofía internacional y el aprendizaje basado en proyectos.

La tecnología, señala Robayo, no es solo un medio, sino una herramienta para promover la probidad académica y la responsabilidad. La institución enseña a los estudiantes a consultar y validar la viabilidad de las fuentes, especialmente en la era de la Inteligencia Artificial, abordada como una herramienta que debe ser integrada y no rechazada.

Para el colegio Pinar del Prado, el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales es quizás lo más importante, dado que las metodologías activas exigen una constante comunicación y trabajo en equipo. La institución ha implementado una red de apoyo que constituye su principal valor agregado, llevando a cabo talleres de promoción y prevención, programas de bienestar emocional y actividades de tutoría semanal con el director de grupo para abordar estos temas. Además, se realiza un acompañamiento individualizado esencial para crear ambientes seguros de expresión.

Según la rectora, la convivencia se fortalece mediante la resolución pacífica de conflictos, proyectos de empatía y acciones reparadoras, mientras que el liderazgo se promueve desde temprana edad a través del Consejo de Estudiantes, el personero y la red de apoyo, que genera círculos de confianza permanentes.

El colegio trabaja en el fortalecimiento de una comunidad de aprendizaje, lo cual exige una alianza inquebrantable entre “escuela-familia”, para que los padres estén siempre inmersos en el proceso. En segundo lugar, se da prioridad a la indagación y a la utilidad del conocimiento para que los estudiantes adquieran las herramientas necesarias para solucionar situaciones y desarrollar un pensamiento reflexivo y colaborativo, esencial para su vida universitaria y profesional.