El reciente aumento del salario mínimo reabre un debate clave para el país y, en particular, para ciudades como Barranquilla y su área metropolitana dado los retos en informalidad y la dinámica propia de su mercado laboral. Desde Fundesarrollo realizamos un análisis de sus posibles efectos sobre el empleo en un contexto marcado por la discusión sobre la suspensión del decreto provisional.
En la última década, el salario mínimo en Colombia ha crecido, en promedio, un 10,2 % anual. Entre 2016 y 2026 prácticamente se triplicó: pasó de $767 mil pesos a $2 millones, incluyendo el auxilio de transporte. Este comportamiento refleja una aceleración significativa del crecimiento nominal del salario mínimo, particularmente en los últimos años.
Cuando se compara este aumento con la inflación, se observa que ambos indicadores suelen moverse en la misma dirección, aunque el salario mínimo ha crecido con mayor fuerza.
A partir de 2022, los incrementos más altos respondieron a un entorno inflacionario marcado, influido en gran medida por el comportamiento de los precios del año anterior.
Bajo este contexto, aunque los aumentos nominales entre 2022 y 2024 fueron elevados, el incremento del poder adquisitivo real fue moderado, una vez se descuenta el efecto inflacionario. El panorama cambia en 2026: la inflación registrada en 2025 fue considerablemente menor al aumento del salario mínimo, generando una brecha cercana a los 18 puntos porcentuales.
Este desbalance cobra aún más relevancia si se mira la productividad laboral. En los últimos años, la productividad por hora trabajada ha crecido menos del 1% e incluso mostró variaciones negativas entre 2021 y 2023. Esta brecha entre salarios y productividad plantea un desafío clave: sin mejoras sostenidas en la productividad, los aumentos del salario mínimo pueden traducirse en mayores presiones sobre el empleo.
¿Qué dice la evidencia?
La evidencia muestra que el aumento del salario mínimo no impacta a todos los trabajadores por igual. En un país con altos niveles de informalidad como Colombia, estos incrementos suelen generar ajustes en el mercado laboral, especialmente entre el empleo formal y el informal.
En la práctica, muchas empresas enfrentan mayores costos para mantener o crear empleos formales, lo que puede traducirse en menos contrataciones o en el traslado de algunos puestos hacia la informalidad. Este efecto se siente con más fuerza entre trabajadores jóvenes, con menor experiencia o nivel educativo, y en regiones con menor desarrollo económico.
En este escenario, el nivel de empleo formal es clave para entender cómo se verá afectado cada sector. En Barranquilla A.M., sectores como la administración pública, el inmobiliario, el financiero y el de información y comunicaciones emplean mayoritariamente de manera formal. En cambio, actividades como las artísticas, alojamiento y servicios de comida, transporte, construcción y comercio tienen menos de la mitad de sus trabajadores en empleos formales, lo que los hace más vulnerables a los ajustes del mercado laboral.
Con esta estructura, se espera que los sectores con más empleo formal sientan de manera más directa el impacto del aumento del salario mínimo en 2026. A esto se suma la proporción de trabajadores que ganan exactamente un salario mínimo, especialmente en actividades como agricultura, servicios públicos y el sector inmobiliario, donde este salario constituye una referencia central en los ingresos.
Afectación del empleo
Se estima que el aumento del salario mínimo podría generar la pérdida de unos 16.473 empleos formales en Barranquilla y su área metropolitana. Las mayores afectaciones se darían en los sectores más expuestos al salario mínimo y con menos capacidad de absorber los mayores costos laborales. En ese sentido, los recortes se concentrarían en comercio (3.189 empleos menos), industria (2.918) y administración pública (2.738).
Al mismo tiempo, parte de estas pérdidas de empleo formal podría trasladarse al sector informal, aumentando en cerca de 2 puntos porcentuales la participación de la informalidad en la ciudad. Sin embargo, este efecto no sería igual en todos los sectores.
Los mayores aumentos de informalidad se darían en minería, actividades inmobiliarias, agricultura, servicios públicos e información y comunicaciones. Estos sectores combinan una baja proporción de empleos informales con un alto número de trabajadores que ganan el salario mínimo, lo que los hace especialmente sensibles a cambios en la política salarial.
En cambio, sectores que ya tienen altos niveles de informalidad —como actividades artísticas, alojamiento y servicios de comida, transporte, construcción y comercio— experimentarían un aumento más moderado en la informalidad. En estos casos, el margen de ajuste es menor, porque gran parte de sus trabajadores ya se encuentra en condiciones laborales informales.
Puntos a tener en cuenta
El impacto del salario mínimo no depende solo de cuánto suba cada año. Su efecto sobre el empleo está determinado por factores estructurales del mercado laboral, como la informalidad, la baja productividad y la composición sectorial. En Barranquilla, aumentos mayores a los esperados pueden presionar el empleo formal, sobre todo en sectores con menos capacidad de absorber los mayores costos y con muchos trabajadores formales que ganan un salario mínimo.
Además, los ajustes no siempre se reflejan en desempleo directo. A menudo, el mercado laboral responde trasladando parte del empleo formal hacia la informalidad, afectando principalmente a trabajadores con menor calificación y a sectores donde el salario mínimo es la referencia central de los ingresos.
Por eso, es clave que los incrementos del salario mínimo vayan acompañados de políticas que mejoren la productividad, reduzcan los costos no salariales y fomenten la formalización. Solo así se podrá cumplir el objetivo de mejorar los ingresos sin afectar de manera persistente el empleo ni la estructura productiva local.


