El Heraldo
Wilson Acosta, padre de familia, acompañando y apoyando a su hijo, Julián, en una de las clases que recibe semanalmente en la escuela de fútbol Neogranadinos.
César Bolívar
Deportes

Escuelas de fútbol: ¿Un negocio redondo?

Existen en la ciudad más de 300 academias de balompié, según el reporte entregado a EL HERALDO por la Liga de Fútbol del Atlántico. ¿Es positivo o negativo este fenómeno?

El fenómeno de las escuelas de fútbol se ha apoderado de Barranquilla. Hoy no hay un parque, una cancha o un barrio en el que no se vea a un grupo de niños, uniformados, practicando alegremente con el balón, ante la mirada atenta de sus entrenadores. Incluso, se ha llegado al punto de que en una misma cancha trabajen dos y hasta tres clubes al mismo tiempo, producto de la gran demanda que existe en la ciudad.

Según el reporte entregado por la Liga de Fútbol del Atlántico, son 314 las escuelas de Barranquilla oficialmente inscritas en el máximo ente que rige el balompié en nuestro departamento. 

Aproximadamente 18.000 niños hacen parte de estos clubes, gracias al apoyo de sus padres, quienes son los que se meten la mano al bolsillo para entregarles a sus hijos una formación deportiva que les permita desarrollar un talento o simplemente les brinde bases sólidas para un mejor proceso de crecimiento.

Un fenómeno

¿Es rentable el negocio de las escuelas de fútbol? ¿Es fácil crear una? ¿Qué tan positivo es ver tantos clubes en la ciudad? ¿Hay algún ente que regule la creación de estas academias? Estas y muchas preguntan más surgen a raíz de este fenómeno social, que desde una perspectiva positiva se ve muy beneficioso para los niños, porque tienen los suficientes espacios para la práctica del deporte, pero que tiene también sus contras si no hay un control riguroso en la creación de las mismas.

“Si una persona abre una escuela de fútbol para ganarse un billetico, pero no tiene una buena calidad para ofrecerles a los niños, estamos hablando de una escuela que no le está aportando nada a la sociedad. Trabajar con los niños es de mucho cuidado, porque estamos trabajando con un cerebro frágil, un telón en blanco, que tú tienes que pintarlo, edificarlo, para que ese jugador tenga la capacidad más adelante de estar seguro de su parte deportiva. Montar una escuela como un negocio no es bueno, hay que montar una escuela con una visión clara y bien preparada para que usted pueda entregar una buena enseñanza a esos niños, que cada familia confía y lo entrega para que lo formes”, afirma el exjugador barranquillero Jesús ‘Toto’ Rubio, quien lleva 32 años formando jugadores con su escuela, por la que pasaron futbolistas profesionales como Fredy Montero, Carlos Bacca, Michael Ortega, César Fawcett, Rafael Barraza,  John Velandia, César Poveda, entre otros.

Otoniel Vega, uno de los representantes de la Escuela Barranquillera, tiene un pensamiento parecido al de ‘Toto’. La masiva creación de escuelas de fútbol en la ciudad tiene sus pros y sus contras, por eso hay que saberlas regular.

“Es bueno en el sentido que hay más espacio para los niños para la práctica del deporte, para alejarse de los malos hábitos, pero opino que debe tener una regulación, porque si no lo regulas se crean muchas escuelas que realmente no tienen formalismo. Entonces, este fenómeno desde lo social, bien, porque se abren más espacios para que los niños practiquen un deporte, y desde lo organizacional, mal, porque cualquiera puede abrir una escuela y cualquiera puede vincular un club a la Liga de fútbol, y muchos ven esto como un negocio”, expresó.

En el mercado se pueden encontrar escuelas de fútbol de todo tipo. Desde la más baratas y modestas hasta las más costosas y reconocidas. Las dirigidas por personas del común y las lideradas por exjugadores de fútbol. Las que se defienden con uñas y dientes, las que tienen vínculos con equipos nacionales y del exterior. Las que cuentan con uno o dos profesores para un centenar de niños y las que se apoyan de un grupo grande de profesionales que están al tanto de cada una de las categorías.

El ideario

¿Qué busca un padre al meter a su hijo a una escuela de fútbol? ¿En qué se fija? ¿Qué tiene en cuenta? Wilson Acosta, administrador de empresas, tiene a su hijo Julián, de 7 años, en el club deportivo Neogranadino. Acosta se muestra contento con el proceso que adelanta su pequeño desde temprana edad.

Es común ver las canchas de los barrios ocupadas por las escuelas de fútbol. César Bolívar

“A mí me parece que este es un fenómeno que está impactando positivamente en la sociedad, porque lo que genera son más espacios para la práctica del deporte en los niños. Además, la demanda favorece a los padres, porque no todos tenemos para pagar las altas sumas que a veces se piden en los clubes más grandes y reconocidos. Por eso es bueno que exista esa variedad en precios”, dice.

“Lo que uno busca en una escuela de fútbol no es solo que el niño adquiera conocimientos de fútbol, sino que aprendan a ser mejores personas, que aprendan valores para la convivencia, como la amistad, el trabajo en equipo, el respeto, entre otros. Uno busca siempre cercanía, para poder acompañarlos y estar al tanto de ellos, y que se ajuste al bolsillo”, agrega.

¡Mucho ojo!

Alrededor del fútbol aficionado se tejen muchas historias, unas con finales felices y otras un poco más tristes. El deseo de los padres por ver triunfar a su hijo en el fútbol los hace cometer errores que se pagan muy caros… en lo psicológico y en lo económico.

Las estafas, en este mundo del fútbol juvenil, están a la orden del día. Por eso la recomendación es una sola, no ‘trague en seco’, desconfíe de todo y de todos, cerciórese siempre que le están diciendo la verdad y averigüe, no deje las cosas al destino.

Agustín Garizábalo, veedor del Deportivo Cali en la Costa, y quien ha llevado varios talentos al profesionalismo, habla sin tapujos del tema. Considera que gran parte de las estafas que se ven, se deben a la “ingenuidad” y a la “ambición” de los padres.

“Lo que pasa es que los padres no buscan a la gente que sabe, a los profesionales, entonces cualquiera llega, les tira una carreta y les creen, pero no se toman la tarea de investigar quién es la persona que les está planteando el negocio o a quién le están entregando a su hijo. La gente, en medio de su ambición y de sus ganas de salir adelante, hace lo que sea. El tema es de formación de los papas, que no se tiren tan desbocadamente”, manifiesta Garizábalo, voz autorizada en el tema.

El cazatalentos soledeño, de 58 años, cuenta dos anécdotas de las muchas que ha vivido en su larga etapa como veedor. “Una vez me pasó un caso de una familia caleña, a la que le cobraron para que yo viera a su hijo en una prueba en Barranquilla. Cuando los tumbaron, fue que se tomaron a la tarea de buscarme y comentarme el caso. Evidentemente perdieron el dinero y yo no pude hacer absolutamente nada. Otro caso parecido, pero con final feliz, fue el de un muchacho que sí me contactó y me contó que le estaban cobrando un millón de pesos para que yo lo viera, le dije: ‘no los pagues, porque yo no estoy cobrando nada ni estoy viendo jugadores en este momento’. Lo iban a estafar y se pudo evitar porque hizo las cosas como debe ser. Sin duda es un tema de ignorancia de la gente, que cree que todo es sencillo, y los timadores se aprovechan de eso”.

Garizábalo sí ve como negativo ese fenómeno de tantas escuelas. Considera que no todas ofrecen una formación de calidad y ahí es donde vienen los problemas. “Negativo totalmente, todo eso es producto a la falta de regulación. No existe en Colombia una ley que diga que para crear una escuela de fútbol tengas que cumplir estos requisitos. Yo opino que así como hay leyes que regulan la creación de colegios, debe haber una que controle este fenómeno de los clubes de fútbol, porque estamos hablando de manejo de niños en ambos casos”, concluyó.

¿Cuánto es el gasto de un padre?

En Barranquilla hay todo tipo de escuelas desde el punto de vista económico. Los precios de las matrículas oscilan entre $30.000 y $60.000. Luego viene el pago de la mensualidad. Hay escuelas más pequeñas, donde se puede estar pagando entre 25.000 y 30.000 pesos. En otras, el costo es un poco más elevado, llegando, incluso, hasta los 160.000 pesos, dependiendo de la cantidad de días de entrenamiento que tenga el niño a la semana.

Un tercer gasto es el tema de los uniformes. Los precios también varían dependiendo la escuela. En unas se puede estar pagando 35.000, como mínimo, y en otras hasta 62.000 pesos.

Por último, está el gasto de los arbitrajes para los partidos oficiales, que también corren por cuenta de los padres. El monto se divide entre el número de jugadores. “Ahí le queda la liga a algunos entrenadores”, dijo una de las fuentes consultadas.

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