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Quizá aún en el último momento del mundo y de nuestras vidas habrá espacio para el amor. El amor para la pareja, para el amigo, el que nunca fue, lo que pudo ser. Y esa es precisamente la premisa que toma el cineasta barranquillero Óscar Arias Díaz en su ópera prima Bang: o cómo dejé de preocuparme por el fin del mundo, que ha rodado en la ciudad.

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Nacida de la idea de hacer un cine Caribe con una aproximación a la ciencia ficción, esta cinta, que en su elenco aparecen grandes nombres como la cartagenera Carmenza Gómez, Humberto Dorado, Viña Machado o Mario Espitia, cuenta el último día del mundo a través de la mirada del amor de parejas de personas, amigos, esposos, divorciados, para contarnos que aún en medio de todo el amor nos hace humanos.

“Las personas siempre han amado o han dejado de amar. Sin pisar las mieles del melodrama me interno en lo que es, fue y pudo haber sido de mis personajes. Pero no quiero que en este momento se encierre solo en amor porque exploramos emociones dónde la audiencia sacara sus propias conclusiones”, dice el cineasta en conversación con EL HERALDO.

La historia, según el director barranquillero, es una reflexión sobre qué haríamos antes de que termine el mundo.

“No quería respuestas absolutas y escribí para sacar más preguntas. Un proceso de casi dos años desde su tratamiento me llevo a acercarme a la ciencia ficción a través un subgénero que se llama soft-scifi donde se muestra más lo del mundo interno y acompaña los efectos bien sea climáticos, espaciales o cómo las máquinas se apoderan de nuestra humanidad. En mi caso use el sol como testigo y jurado de lo que se desarrolla en las historias y cómo nosotros como Caribe tenemos una relación con ese sol que nos rodea”, añade.

Además, otra de las particularidades de esta película del también docente es que su equipo de producción está conformado por sus propios estudiantes en la Universidad del Norte, así como de su esposa, la PhD en Comunicación, Andrea Cancino.

“Yo digo que está película es la suma de esfuerzos de amigos, familiares y grandes colegas que le apuestan a hacer cine en menor o mayor escala porque todos los cineastas han empezado con una primera película. Aquí está la mía y espero que la disfruten en las salas de cine en comunión bajo la oscuridad del espacio y con la luz del proyector”.

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Experiencia de sobra

Para Carmenza Gómez, una de sus protagonistas, todo comenzó antes del guion. “Lo primero fue el acercamiento que tuvo Óscar conmigo. Me cautivó. Tuve un buen pálpito. Ni siquiera fue una videollamada. Me escribió hace como dos años, que estaba pensando en una historia y que había pensado en mí para que yo fuera la protagonista”.

La actriz reconoce que no es constante con las relaciones, pero que con Óscar pasó lo contrario. “Él insistió, mantuvo el hilo. Antes de saber de la historia fue su acercamiento. Y después, cuando me habló del tema central, me llamó la atención”.

Cuando el guion llegó, decidió imprimirlo. “Me cuesta mucho leer virtualmente. Lo saqué, lo leí con calma. Y me dejé llevar por la intuición y por la primera impresión”.

“Con Humberto también he trabajado. Y eso es importante cuando es un proyecto de dos. Esto es un dúo dinámico”, dice Gómez.

El presupuesto reducido nunca fue un obstáculo. “El tema económico pasó a un quinto plano. Es una historia apocalíptica, sí, pero con una sencillez y una cotidianidad que me gustaron. Como un remanso en medio de la tormenta. A mí me interesan las acciones más emocionales que físicas”.

Humberto Dorado, por su parte, leyó solo el segmento en el que participa. “Siempre hay la tendencia de que los actores viejos intervengamos de manera arbitraria en los trabajos de los jóvenes. No era mi función”.

Le pareció potente situar el fin del mundo en Barranquilla. “Se me ocurrió que era una linda metáfora. El apocalipsis desde un lugar muy particular”.

Sobre el rodaje en la ciudad, recuerda otra experiencia previa y celebra el presente. “Es un equipo vivamente interesante en el lenguaje audiovisual. Yo sentí que había una fuerza creadora en el proyecto”.

Trabajar junto a Gómez le resulta natural. “Con Carmenza llevamos un matrimonio de ficción de muchos años. Ya hay una confianza, un ritmo”.

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La nueva generación

Por otro lado para la samaria Viña Machado el sí llegó por las personas que hacen la película antes que por el papel. “Hay muchos factores cuando a uno le pasan un guion. A veces ni siquiera está en el guion. Vi a las personas que estaban contando su historia, los soñadores que quieren hacer cine de verdad. Estoy más atraída por eso”.

Recuerda una experiencia similar en Santa Marta, con un equipo joven. “Era precioso. Todo el crew era egresado de la universidad. Esa mística es la que mueve”.

Mario Espitia coincide. “Yo dije que sí antes de leer el guion. Esos tipos son magnéticos. Se les ven las ganas. Cuando la gente que lo escribe te vende la idea con esa pasión y además el proyecto es bueno, no hay posibilidad de decir que no”.

También cuestiona la manera como se encasillan las historias. “Nos hemos regionalizado demasiado. Las historias de Medellín son las más paisas del mundo, las de aquí las más costeñas. Yo creo que el cine es cine. La única diferencia es que se hizo aquí. No es cine caribeño para exportar, es cine colombiano”.

Ambos destacan que las nuevas generaciones llegan con otra mirada. “No se han dejado morder por el negocio”, dice Espitia. “Ya no se produce solo para la televisión local, ahora se piensa en plataformas, en otros públicos. Eso cambia la ecuación”.

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Espacio para el nuevo talento actoral de la ciudad

En esta película no solo hay espacio para los grandes talentos del audiovisual colombian, sino que también se asoman las nuevas actrices de la ciudad que buscan sobresalir en este vasto mundo. Una de ellas es Valentina Suárez, quien además de actuar en esta, su primera película, hizo parte del equipo detrás de cámaras.

La joven de 20 años y estudiante de séptimo semestre de Comunicación social y periodismo de la Universidad del Norte, detalló a esta casa editorial que la experiencia ha sido “muy emocionante y al mismo tiempo es algo que considero que no he terminado de procesar porque uno como actriz obviamente su sueño siempre va a ser trabajar en muchísimos proyectos y esta es la primera vez en la que estoy haciendo parte de uno, además con un elenco de mucha trayectoria y reconocimiento. Entonces es un privilegio poder aprender de los que ya tienen una carrera hecha”.

Suárez, quien ya ha tenido experiencia en el teatro de la ciudad, añadió que una de las enseñanzas que le ha dejado este rodaje es que “no importa cuántos años uno lleve en este medio, uno debe aprender siempre del entorno y del compañero de escena que tenga. Esa es una de las cosas que me di cuenta que comparten, Viña Machado y Mario Espitia, y Carmenza Gómez y Humberto Donado, que no importa si ya sabes la escena, si ya la leíste, siempre es importante ensayarla o repasarla con tu compañero de escena para tener confianza”, reflexionó.

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