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Hay películas sobre el triunfo y otras sobre la necesidad de triunfar. Marty Supreme, la película con la que Timothée Chalamet irá por el Óscar, pertenece sin dudas al segundo grupo. No le interesa tanto la gloria como el impulso que empuja a alguien a buscarla cuando todo a su alrededor insiste en que no vale la pena.

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Josh Safdie filma ese deseo con el ritmo frenético característico de sus películas, pero aquí cambia el asfalto contemporáneo por un Nueva York de posguerra donde soñar sigue siendo un acto heróico.

La historia se sitúa en 1952. Marty Mauser vende zapatos en la tienda de su tío, en un barrio que parece haber decidido de antemano el tamaño de las ambiciones de quienes lo habitan. Marty, sin embargo, cree que el tenis de mesa, un deporte ignorado, casi ridiculizado en la América de la época, puede sacarlo de allí.

“Marty es un joven ambicioso que quiere ser reconocido como el mejor jugador de tenis de mesa del mundo”, explica Timothée Chalamet. “Y aunque puede que realmente lo sea, también es un adulto joven bastante mezquino, atrapado por las circunstancias y el lugar que le tocó en la vida”.

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Soñador por excelencia

Safdie y su coguionista Ronald Bronstein construyen a Marty desde la contradicción pues es egocéntrico y entrañable, carismático y agotador, capaz de inspirar lealtad y rechazo con la misma intensidad.

“Es el soñador por excelencia: el romántico absoluto y el optimista más obstinado”, dice Safdie. “Pero esa fe ciega en su sueño es al mismo tiempo lo que lo libera y lo que lo encierra”.

La película no se limita a seguir una carrera deportiva, Marty Supreme es, ante todo, una radiografía del costo de creer cuando nadie más cree. Marty carga con una madre dominante, una novia embarazada, deudas constantes y un sistema económico que parece diseñado para aplastar a los que no encajan. Aun así, avanza. No por nobleza, sino por pura terquedad. “Su vida entera está sostenida por la creencia”, resume Safdie. “Los que creen con él van en el viaje; los que no, simplemente son arrollados”.

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Ese recorrido lleva a Marty mucho más lejos de lo que cualquiera habría imaginado: Londres, París, Tokio, Sarajevo, incluso Egipto. El tenis de mesa se convierte en un pasaporte improbable hacia un mundo que, por primera vez, lo mira. En ese tránsito aparece Koto Endo, su rival japonés, interpretado por Koto Kawaguchi, campeón nacional de tenis de mesa para sordos en la vida real.

El elenco también cuenta con Gwyneth Paltrow, quien vuelve al cine con un papel central como Kay Stone, una exestrella de Hollywood casada con un poderoso industrial.

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