El Heraldo
Opinión

El refrigerio de la vida

La gran lucha oculta del ser es lograr un día, parecerse a sí mismo y celebrar no parecerse a nadie más.

Poco se habla de amor en la radio y en la prensa, poco se habla de amor en las mesas cotidianas. Poco se habla de amor en las calles y ahora, hasta en la música el amor está ausente. ¿Acaso se ha dejado el amor en la trastienda?  ¿Quedó remitido única y exclusivamente a la poesía y a los sonidos de otros tiempos?

Probablemente en un mundo tan violento como este, citarlo es sinónimo de fragilidad y ligereza. Los poderes todos, desde el primero hasta el quinto y el sexto si existen, pasando claramente por el cuarto, olvidaron retratar esa fuerza sobrenatural que todo lo salva, tal vez, por temor a verse y oírse ridículos y salidos de su disfraz de fuerza y valentía”

Oír a Leopoldo fue siempre grato, constructivo e inspirador. No le temblaba la voz para decir lo que sentía, pues casi siempre, decía lo que sentía, no lo que pensaba, y eso, por supuesto, configuraba uno de los actos de amor más contundentes: parecerse a él, no a otro, ni al compás de un mundo ajeno, ni a la opinión del vecino.

“La gran lucha oculta del ser es lograr un día, parecerse a sí mismo y celebrar no parecerse a nadie más, ese día, el amor brillará, pues dejaremos a un lado la necesidad de querer que otros se parezcan a nosotros, entonces serán libres las parejas, los hijos dejarán atrás la extraña responsabilidad de parecerse al padre o la madre, y el padre y la madre la vanidad de querer que se parezcan a ellos.”

El amor era uno de sus temas favoritos, tenía la capacidad y la destreza de encontrar una referencia exacta y precisa para soportar con lujo de detalles la presencia del amor en todo y la contradicción de su ausencia en mucho.

“Está en todas partes, en todos los motivos y en todos los propósitos, así lo nieguen, lo vistan de rosa y de cursi, está en todos los eventos del destino, en el nacimiento de una rosa y en el fin de una guerra.”

Por estos días, algún diario internacional de esos que le dan importancia a otras cosas, recordaba que un día como hoy, en Agosto de 1939 una de las obras de Arte más emblemáticas del siglo XX se presentaba en Los Ángeles, California, dentro de un recorrido que hacía por EEUU  para recaudar fondos para ayudar a los refugiados de la guerra española. “Guernica” de Picasso, el genio, probablemente el artista más importante en los últimos tiempos, su vida y su obra representaron a la humanidad y al hombre en todo su sentido. Picasso no solo era un Artista sobresaliente y un pintor prodigioso, sus versos sobre la vida eran profundos y, como su pintura estaban cargados de fuerza, pero como su vida, estaban cargados de amor.

Una de las frases, en mi opinión, más poderosas de Picasso me la enseñó Leopoldo, quien además me condujo a ser un seguidor férreo de su obra.

“El Amor es el mayor refrigerio de la vida”  ¡Devastadora!

Cada vez que me enfrento a una situación que manifieste en mí confusión, preocupación, angustia, dolor o incertidumbre, recurro a ella para llenarme de fuerza y hacer de la nostalgia una nueva ilusión.

No son días fáciles, la pandemia lo ha expuesto y nuestro país tristemente nos lo muestra a diario con eventos que asustan más que el mismo Covid-19,  divisiones tan profundas y confrontaciones tan oscuras, hacen que mi tabla de salvación cuando no logro abstraerme de lo absurdo, lleve en un esquina las conversaciones con Leopoldo y en la otra la grandeza de Picasso, el hombre que mejor pintó la guerra, el que hizo del Arte un escudo invencible y definió el amor como el “mayor refrigerio de la vida” 

Hablemos más de amor, pero no te rías para que su presencia haga eco como refrigerio en nuestras vidas.

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