El resultado de la Gran Consulta, que tuvo como ganadora a Paloma Valencia con una votación significativa, le da un viraje a la contienda presidencial y pone sobre la mesa una opción que busca unir las fortalezas de la derecha tradicional con matices de centro. Esta semana, el gran tema de conversación fue la fórmula vicepresidencial de la candidata del Centro Democrático. En definitiva, la elección de Juan Daniel Oviedo -quien obtuvo la segunda mayor votación en la consulta- deja un mensaje que podría cambiar la dinámica política, al menos en estas elecciones.

En esta nueva dinámica, la derecha del uribismo se muestra como una derecha más flexible, capaz de hacer concesiones y acuerdos para acercarse al centro con figuras como Juan Daniel Oviedo y con otros liderazgos de esa misma orilla que apoyarán la candidatura de Valencia. Esto le permitiría acercarse a un grupo de votantes que usualmente no votarían por el Centro Democrático.

Tener a Oviedo como fórmula puede acercar al Centro Democrático a una visión más actual y moderna de lo que quiere y necesita el país. Sin embargo, también hay que reconocer que muchas de las bases del uribismo están en desacuerdo con su escogencia, pues su agenda y su visión política se alejan de varias de las líneas que tradicionalmente ha defendido el partido.

En esta ecuación, es muy probable que quienes están en desacuerdo con la fórmula de Oviedo ya se hubieran decantado por la candidatura de Abelardo de la Espriella, quien -con José Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial- ha dado un parte de tranquilidad a muchos de esos sectores. Al mismo tiempo, muchos votantes de centro que participaron en la consulta apoyando a Oviedo u otros candidatos podrían llegar a respaldar la fórmula Paloma-Oviedo con la expectativa de impulsar una opción que electoralmente pueda derrotar a Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta.

Ahora bien, esta semana Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo dieron una lección de cómo debería funcionar la democracia: no se trata de estar de acuerdo en todo, pero sí de reconocer que, incluso en las diferencias, es posible construir acuerdos cuando se privilegia la unión y el interés del país.

Todavía queda mucha tela por cortar y en las próximas semanas se sabrá con mayor claridad la tracción que logren mantener o consolidar las distintas candidaturas. En este escenario, el gran reto de los aspirantes será entender -y leer con realismo- qué es lo que quiere y necesita Colombia.

En cualquier caso, la Gran Consulta, que se convirtió en la consulta más votada en la historia del país, demostró ser un gran acierto tanto para Colombia como para quienes la impulsaron.

Una mención especial para David Luna: detrás de la construcción de esta unión y de la propia consulta estuvo su liderazgo que jugó un papel esencial. Su entereza, compromiso y convicción en favor de la unidad, más allá de las diferencias, merecen reconocimiento.

@tatidangond