Durante los últimos meses, el conflicto entre Palestina e Israel ha estado en el centro de la agenda colombiana, así como en la agenda global. Lo que está ocurriendo en Gaza bajo las acciones del gobierno de Israel, encabezado por Netanyahu, es aterrador y debería mover a toda la humanidad a un rechazo masivo de lo que constituye una evidente violación de los derechos humanos.

Esta realidad, la de los niños, niñas, mujeres y demás civiles que no tienen relación con Hamás, no debería ser matizada por las posiciones políticas que toman los gobiernos, ya sea en Colombia al decidir romper relaciones diplomáticas con Israel, o en Estados Unidos, donde el gobierno continúa apoyando las operaciones militares israelíes, y donde cientos de estudiantes están siendo detenidos mientras protestan contra las acciones del Estado de Israel en Gaza.

Analizando la visión de varios colombianos, en estas semanas he observado con preocupación cómo la situación en Gaza ha llevado a que muchos tomen partido dentro de esta guerra basándose en su visión política nacional o en su postura frente al gobierno colombiano. Muchos han asumido que estar a favor de las acciones de Israel significa estar del lado correcto de la historia, ya que prefieren oponerse al gobierno colombiano de plano en lugar de reconocer que lo que está sucediendo en Gaza es una violación masiva de los derechos humanos. En el otro extremo, aparecen personas que tildan a toda una comunidad de genocidas, estigmatizando a un grupo heterogéneo por el comportamiento del gobierno de Netanyahu, cuando claramente conocemos los riesgos que conllevan este tipo de generalizaciones.

Por lo tanto, debemos hacer un ejercicio de reflexión: lo que está ocurriendo en Gaza sí constituye una violación de los derechos humanos que, aunque muchos intenten suavizar con eufemismos, encaja dentro de lo que se ha reconocido como genocidio. Dentro de este escenario, es importante reafirmar que ni todos los judíos ni todos los israelíes (que no es lo mismo) están a favor del comportamiento del gobierno de Israel. También es fundamental decir que oponerse al comportamiento del gobierno de Israel no es antisemitismo, como muchos equivocadamente lo creen; es oponerse al proceder un régimen que no reconoce para los civiles palestinos la garantía y el respeto de los derechos humanos.

Ahora, una cosa es estar en desacuerdo con que Petro haya roto relaciones con Israel y otra apoyar las acciones de Israel en Gaza y Palestina. El gobierno colombiano adoptó una postura desfavorable desde la perspectiva diplomática, politizando la ruptura con Israel y el dolor de Gaza y Palestina. Sin embargo, desde una visión moral y garantista de los derechos humanos, ojalá más democracias rechazaran de forma rotunda el proceder del gobierno de Netanyahu, al que nadie parece tener la capacidad de poner límites.

La realidad de los civiles palestinos va más allá del gobierno de Colombia, va más allá de ser de izquierda o de derecha; es una situación que debería unirnos para exigir tanto el fin de la ocupación como el respeto de lo más básico, lo más elemental, lo que no se debería cuestionar en la humanidad a estas alturas de la historia: el respeto a la vida.

@tatidangond