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Opinión

Confianza en procesos electorales en pandemia

Recientemente fue publicado el escrito titulado: Dimensiones que Inciden en la Organización de Procesos Electorales en Tiempos de Pandemia, de José Thompson J., Director Ejecutivo del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y Director del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), trabajo que concluye con respecto a las dificultades por las que atraviesan los Estados del Mundo respecto  a los procesos electorales, ocasionados por los apremios de producidos por la pandemia, indicando que:

1.- La comunicación es determinante para que un organismo electoral cumpla su misión a cabalidad, en los tiempos que corren, frente a la ciudadanía y de cara a una elección determinada, esta es aún más trascendente cuando se trata de comunicar asuntos y generar convicciones que no sólo son de naturaleza electoral, sino que tienen que ver con la salud pública y la tranquilidad de la ciudadanía.

2.- Desde sus orígenes y, en particular, en su doble papel de generador de doctrina y de Secretaría al servicio de las asociaciones de organismos electorales en la región, CAPEL siempre ha creído en el valor del intercambio entre las entidades encargadas de la materia, aun considerando las diferencias nacionales. En la actual circunstancia, este intercambio es todavía más relevante, ya que todos están afectados por igual situación, la que les impone el reto de ser creativos.

3.- En esa línea, uno de los criterios es saber nutrirse de las experiencias de los demás y compartir las propias. Estos trabajos son un proceso en construcción, como lo es el desafío de sacar adelante elecciones en el contexto de una pandemia. En esta nueva situación, se irá aprendiendo conforme estas se realicen en la región; y, a partir de lo verificado, relevar lo positivo y minimizar lo negativo, un asunto que a va depender, de nuevo, del intercambio, lo que requiere estar al tanto de lo que ocurre y cómo funcionan los protocolos que se implementaron a propósito de esta pandemia, de lo que funcionó bien y de lo que no.

4.- Por eso, estos espacios son propicios para reflexionar cómo se va construyendo este camino de preservar la integridad de las elecciones sin que esto signifique sacrificar la salud de la ciudadanía. Y este es el reto mayor que la nueva realidad impone a todos, pero es el que corresponde asumir.

La pandemia nos lleva a preguntarnos si algunos elementos ligados a las elecciones también podrían sufrir modificaciones.

1. LA OBLIGATORIEDAD DEL VOTO: en la mayor parte de los sistemas electorales sudamericanos se establecen el voto obligatorio y la imposición de sanciones si no se ejerce (salvo algunas eximentes). El panorama es otro en los países con voto facultativo (México, Centroamérica, el Caribe, Venezuela, Colombia y Chile). En medio de una pandemia, parece oportuno plantearse la posibilidad de dejar sin efecto las posibles sanciones a quienes se abstengan de sufragar, en tanto hay legítimas razones para no concurrir a las urnas. Para los sistemas de voto facultativo, la comunicación antes referida es esencial para que no haya un desmesurado crecimiento de la abstención, a causa de temores generados por la (casi) necesaria aglomeración que la jornada electoral supone.

2. LA MODALIDAD DE VOTACIÓN: han surgido varias sugerencias de modificarla sensiblemente para minimizar el contacto entre las personas en el contexto de la pandemia, incluso con la opción de voto electrónico no presencial, lo que evitaría la interacción social que las elecciones tradicionales traen consigo. Sin embargo, la experiencia en América Latina es de voto electrónico presencial (con resultados positivos, como los de Brasil a lo largo de años, el negativo de las elecciones municipales de febrero en República Dominicana y el que está en desarrollo en Paraguay para las elecciones inicialmente programadas para el 12 de julio de 2020, que debieron aplazarse hasta el 2021. Solamente Panamá ha utilizado el voto no presencial para los electores en el exterior, pero no se ha propuesto aplicarlo internamente. En Perú, su implementación está en debate, pero sólo en las elecciones primarias de los partidos políticos. Cuando se hacen modificaciones tan sustanciales a la modalidad de votación, la gradualidad es aconsejable; pasar del voto manual tradicional al electrónico no presencial, puede despertar suspicacias y temores que tiendan a deslegitimar un proceso electoral, si no se ha consolidado progresivamente la confianza en su uso.

En cambio, los pasos que se dan en algunos sistemas electorales y que inciden en la interacción humana en la jornada electoral pueden replantearse: ¿es necesario entintar el dedo de los votantes si ya hay otros criterios de seguridad?; para la firma en el padrón, antes que proveer un bolígrafo o lapicero para todos, ¿no es recomendable pedirles a los electores, si lo tienen, que usen el propio? Estos, que pueden parecer minucias, son detalles valiosos en aras de preservar la salud, sin que se perjudiquen elementos sustanciales de la jornada electoral.

3. LA DURACIÓN DE LA JORNADA ELECTORAL: si queremos reducir las aglomeraciones y el contacto interpersonal en las elecciones, la alteración de una jornada electoral concentrada es una posibilidad. Corea del Sur lo hizo hace escasas semanas, al extenderla a más de un día; en India, en razón de las dimensiones geográficas y poblacionales que la caracterizan, se habilitan cuatro domingos  consecutivos (abarcando diferentes regiones) para completar los comicios (que, además, son por modalidad electrónica) en todo el territorio. En aras de la salud, podría considerarse la ampliación de la jornada electoral a más de un día y citar a los electores en horarios diferidos. Puerto Rico, Ecuador y Panamá ya admiten y practican modalidades de “voto adelantado”, aunque sólo sea para ciertas poblaciones. El principal problema con una jornada de varios días derivaría en el celo de los partidos políticos por la seguridad y la custodia de los materiales electorales entre los días uno y dos y entre los días dos y tres (si se llegara a tanto).

Una opción menos osada podría ser la de extenderla por unas horas e invitar a los electores a concurrir en horarios diferenciados por segmento de edad. Todo esto podría ser puesto en práctica sin grandes modificaciones legislativas, dado que esta potestad figura normalmente en las atribuciones de los organismos electorales para circunstancias excepcionales (y que convendría consensuar con las fuerzas políticas).

Esto, sin embargo, implicaría tener una forma de “relevo” de los miembros de mesa, para que la labor no les resulte extenuante.

4. LA OBSERVACIÓN: no hay una región del mundo que la haya practicado más intensamente que América Latina tanto en su faceta internacional como en la nacional. Tan sólo CAPEL ha efectuado más de trescientas veinticinco misiones. Muy a menudo, concurren diversas instituciones (CAPEL, Centro Carter, OEA, IFES3 ) en la realización de este ejercicio, lo que ha abonado a la credibilidad en los procesos electorales en una zona del mundo en la que, hace relativamente poco tiempo, se recuperó la democracia.

Pero, ¿cómo se practica una observación internacional si casi no hay vuelos para llegar al país que tiene elecciones? Aun si los hay, ¿cuántas personas aceptarían participar en una misión de este tipo si, por protocolo, al regresar a sus lugares de residencia serían sometidos a confinamiento? Estas, y muchas otras razones, parecen apuntar a un fortalecimiento de la observación nacional.

En la región existen organizaciones de la sociedad civil con una trayectoria reconocida internacionalmente en la materia. Si es necesario, las entidades internacionales de mayor experiencia deberían procurar poner a disposición de la observación nacional, en lo relevante, sus instrumentos, su conocimiento acumulado y todos aquellos elementos que, además de contribuir a fortalecerla, se constituyan en factores que aseguren la legitimidad de las elecciones en las actuales circunstancias.

En consecuencia en Colombia además de estos factores debe trabajarse el tema de la confianza en el proceso electoral en sí mismo.

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