Siempre he tenido la convicción de que el Gobierno nacional a través de décadas y desde las diferentes entidades y funcionarios responsables, más que indolentes, han sido descaradamente predispuestos a presentar todo tipo de obstáculos para demostrar que resulta prácticamente imposible algo tan sencillo como convertir la actual, estrecha, peligrosa, desagradable, pero muy rentable carretera Barranquilla–Ciénaga en una moderna autopista de cuatro carriles; como también que los barranquilleros hemos sido pasivos en exceso y nos ha faltado el necesario coraje para reclamar nuestro derecho a ser tratados de igual manera a como tratan a los departamentos del interior del país. Pareciera que todos los argumentos que esgrimen las entidades responsables del orden nacional fueran aceptados y acatados como indiscutibles.
Creo que es hora de no seguir tragando entero, que es hora de unirnos todos y de conformar un frente sólido y con argumentos suficientes para exigir que a la mayor brevedad esta vía sea incluida dentro de los proyectos prioritarios del país y se convierta en una realidad en el menor de los plazos posibles. Rebatamos todos sus argumentos rebuscados con argumentos nuestros bien sustentados, que no puedan ser rebatidos con falacias y propuestas engañosas y hasta irrespetuosas, que es lo que realmente han hecho hasta ahora. Unámonos todos los estamentos de la ciudad, porque Barranquilla y los barranquilleros somos los más perjudicados. Unámonos Distrito y concejales, Gobernación y diputados, gremios, universidades, congresistas, medios de comunicación y ciudadanía en general, y presionemos con razones de peso al Gobierno central para que cumpla con esta muy imperativa ampliación.
Que los ingenieros civiles de Barranquilla saquen de su tiempo y, sin ánimo de lucro, se unan para diseñar todas las obras necesarias para garantizar una excelente calidad de esa vía y así convertirla en una moderna autopista de cuatro carriles de 3,50 m. cada uno, dos bermas de 2,50 m. cada una y un espacio central de 2,0 m. con defensa central metálica tipo “Armco”, todo en una sola calzada, (igual al perfil de la nueva Circunvalar de la Prosperidad), que optimice la hoy traumática movilidad, así como su estabilidad en los tramos que puedan ser afectados por la erosión costera y garantice su compatibilidad con el frágil ecosistema de la Isla de Salamanca. Que se definan en ese estudio todos y cada uno de los box-culvert que sean necesarios para el paso de animales y flujo normal de las aguas superficiales, definiendo cada una de sus ubicaciones, demostrando con esto que el cacareado viaducto es solo una entelequia y que no es ni mucho menos indispensable. Que se incluya en ese estudio la reapertura del caño Clarín original, estúpidamente segado cuando se construyó esa vía, y lo empalmen con su prolongación natural para revitalizar el manglar. Y, por último, que estimen valores unitarios y el valor total de esta obra para demostrar que su costo es infinitamente menor que los de las modernas autopista 4G construidas en el interior del país, y que hemos sido discriminados de manera injusta y odiosa. Ojalá desde enero del 2019 hagamos de este tema causa común en Barranquilla.
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