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Opinión

Diferencias abismales

Confieso que dudé si escribir o no este artículo porque no hago una propuesta que sirva para algo positivo, que es lo que generalmente persigo, sino simplemente una comparación para analizar cómo puede existir tanta diferencia entre Colombia, que calificamos como un “país en vía de desarrollo” y Canadá, que calificamos como “país desarrollado”, diferencia que sale a relucir de manera más dramática en un momento de crisis como la actual del COVID19.

Cuando se presenta una pandemia cuya peligrosidad no distingue clases sociales, ni ricos y pobres, y que requiere confinamiento en casa para evitar contagiarse y contagiar a otros, incluyendo sus familias, entonces sí se hace más marcada la diferencia entre ricos, clase media y pobres, y es cuando al Gobierno le toca ver cómo puede suministrar a esa inmensa población desprotegida, los elementos más básicos para que no se mueran de hambre. Ahí es donde sale a flote el subdesarrollo en su más descarnada dimensión. Solución mínima, pero solución, es la de repartirles a cada núcleo familiar, sea cual fuere su número, un mini-mini mercadito que debe durarle 15 días, y el Gobierno nacional unos auxilios para tres millones de familias súper pobres por valor de $160.000 a cada jefe de hogar. Y la inversión en esa ayuda suma casi medio billón de pesos, que afecta la economía de la Nación.

Ahora veamos cómo es la situación en Canadá, país rico y muy organizado, con 35 millones de habitantes. Hablo con la experiencia que están viviendo familiares inmediatos. Se trata de un núcleo familiar compuesto por papá, mamá y dos hijos, porque el mayor ya se casó e integra otro grupo familiar. Papá trabaja de manera independiente y decide suspender sus actividades para evitar contagiarse, y entonces, quedarse en casa. Mamá ha sido suspendida temporalmente y sin salario por la empresa en que labora. El hijo mayor que estudia en la universidad y trabaja medio tiempo, sigue sus estudios desde la casa, pero prefiere no trabajar para evitar contagio, y el hijo menor, estudiante de escuela, recibe sus clases a distancia. Papá, mamá e hijo universitario llenaron cada uno, un formato con sus datos básicos, nombres, documento de identidad, No. de cuenta bancaria y razón por la que no están laborando, los cuales enviaron por correo al Gobierno, y dos (2) días después cada uno de los tres recibió $2.000 dólares canadienses, y uno adicional de Can.$500 para ayudar con el arriendo, más Can.$550 por el hijo de 16 años, para un total de Can.$7.050, que al cambio a pesos colombianos representa algo más de $20.000.000. Suma que se repetirá cada mes mientras se mantengan las condiciones actuales. Al no trabajar, papá sacrifica ingresos por su seguridad y la de su familia, pero así mismo, confinados en casa se reducen sus gastos.

La anterior comparación entre lo que ocurre aquí y allá es odiosa, y mostrarla así, descarnadamente, es solo para evidenciar qué lejos estamos de ser un país equilibrado, además para hacernos diferentes preguntas acerca de las causas que generan esta pobreza y desigualdad en Colombia. Quizá metiendo preso a tanto corrupto tendría el país recursos para garantizar salud y educación de calidad, indispensables para mejorar la actual condición de pobreza que el COVID19 ha dejado más al descubierto que nunca.

nicoreno@ambbio.com.co

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