El Heraldo
Opinión

Cubriendo desde la primera línea

Es hora de bajar la intolerancia y empezar a escucharnos para poner fin a una espiral de la violencia y construir un futuro diferente.

Cubrir en primera línea las marchas y la crisis social que estamos viviendo estos días en el país me permite tener una mirada más amplia de los fenómenos sociales, el trabajo de construir esta columna semanal no se limita a mis investigaciones académicas, sino que también tiene un trabajo periodístico de campo cubriendo en las diferentes zonas del conflicto, para este caso de marchas y enfrentamientos que vivimos  he tenido la oportunidad de cubrir todos estos días desde Bogotá y ver directamente las dinámicas sociales y las categorías de actores que se encuentran en las calles, las marchas en un 95 % son pacíficas, tranquilas, llenas de color y actividades culturales, se ven familias, grupos de amigos, compañeros de trabajo, centrales obreras, sindicatos, organizaciones de profesores, etc., esto es la mayoría de los marchantes. Por el otro lado están las tribus urbanas, que son las que vemos ejerciendo  vandalismo y que en mi columna anterior describí cómo operan; y tercero, estructuras de delincuencia común que llegan a robar saquear y pescar en río revuelto y nada tienen que ver con las marchas.

Por otro lado también pude registrar cómo la Policía sigue violando los protocolos de tiro, que no son parabólicos o al piso, sino que están disparando a media altura al cuerpo de los marchantes, sumado a los cientos de videos en redes  donde los hemos visto disparando contra la multitud, ver esta fotografía social en  primera línea me permite hablar tanto del vandalismo y su forma de operar como de los excesos de la Policía y relatar estos hechos como  ejercicio periodístico  compartido con diferentes medios de comunicación en Colombia y el mundo, hecho que evidentemente me ha traído una serie de ataques desde las redes sociales por el cubrimiento, cosa obvia y normal. De una parte me atacan al describir la forma de operar las tribus urbanas, no me bajan de  fascista, burgués, enmermelado, etc. etc., y cuando denuncié los excesos de la Policía no me bajaron de mamerto, castrochavistas y algunos de “traidor”, ya que durante varios años fui profesor en instituciones militares y policiales, como si haber sido profesor o investigador me hiciera guardar un silencio cómplice frente a las violaciones de los derechos humanos los falsos positivos o excesos policiales cometidos en estos días. Mi trabajo como catedrático universitario, analista investigador y corresponsal de conflictos armados parte del principio de contar la realidad en 360 grados. Como docente universitario y ejerciendo el oficio periodístico he contado las atrocidades de las Farc, las masacres de los paramilitares,  los ‘falsos positivos’ del Ejército, y las violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública, todos por igual, ejercicio que también hago desde esta columna y en mis análisis en todos los medios.

Ahora bien, más allá de las ofensas de fanáticos de redes sociales, que es algo normal y anecdótico, sí me lleva a una reflexión que es el objeto de la presente columna y es que como sociedad estamos fracturados en dos bandos donde se ataca con todo al antagonista, pero se justifica y guarda silencio cómplice frente a las atrocidades propias, como sociedad lo que más nos falta es poder contarnos la historia en 360 grados y que podamos hablar de todos los actores sin ningún tipo de veto. La construcción de memoria histórica parte del principio de conocer el pasado oscuro de todos los actores y así poder entender que no se puede repetir la misma historia, que no se puede justificar las violaciones a los derechos humanos y la violencia, veo que cada uno solo quiere contar su verdad desde su esquina ideológica, y así no podemos construir una narrativa que nos permita construir un diálogo social, invito a los lectores al pensamiento crítico y al análisis integral en 360 grados. Es hora de bajar la intolerancia y empezar a escucharnos para poner fin a una espiral de la violencia y construir un futuro diferente.

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