El Heraldo
Revista Miércoles

Nos hace falta mucho respeto en Colombia

Debería haber una modificación en nuestro accionar Cotidiano.

Acabo de terminar una terapia de grupo con las personas internadas en la fundación Shalom, una institución para el tratamiento de las adicciones (alcohol, drogas, sexo, juegos de azar, etc.) en donde soy subdirector hace muchos años.

La mayoría de estas personas están preocupadas por la situación actual en nuestro país, lo que sale a flote muy rápidamente en las terapias grupales. Sus comentarios, con sentimientos de temor, ansiedad, culpa, deseos de recuperación y motivación hacia el cambio positivo en sus vidas, son bastante interesantes. Y me parece útil compartir contigo algunas de sus inquietudes y opiniones, aunque usualmente en este espacio me refiero solamente a temas relacionados con la pareja y la sexualidad.

Una mujer joven señalaba que la problemática general surgía de la falta de respeto por los derechos de las demás personas. Comenzaba expresando la forma como ella respetaba a sus padres, a quienes explotaba y manipulaba para obtener egoístamente lo que deseaba sin tener en cuenta las necesidades de su padre y su madre. Esta persona reflexionaba sobre cómo su familia terminaba sufriendo mucho porque ella no respetaba los derechos de sus padres.

Un compañero agregaba que su padre tampoco respetaba los derechos de su madre. Compartía sobre un padre egoísta que por satisfacer todos sus deseos hacía sufrir a su esposa. Contaba las emociones negativas que su madre vivía cotidianamente por los maltratos que su padre le daba cuando llegaba borracho.  

Otra persona expresaba las consecuencias negativas que había vivido por las experiencias negativas en su hogar durante su infancia por los maltratos irrespetuosos cotidianos en su familia. Agregaba que en la actualidad sus dos hijos estaban viviendo esas mismas experiencias, dado que él había pasado de ser víctima a ser un hombre maltratador.

Pero las reflexiones no se quedaron en el ámbito del núcleo familiar. Una persona señalaba cómo esos irrespetos a los derechos de las personas también se viven cuando una persona vende su voto y ayuda a que la gente corrupta acceda a tener el poder político. Expresaba que, al solo mirar la ganancia personal (al recibir el dinero, las tejas o las bolsas de cemento), y no respetar el derecho de la comunidad a tener gobernantes honestos, le está haciendo mucho mal al país. Esta persona también cuestionaba a un miembro de su familia, que vendía su voto en las elecciones y después criticaba las acciones de los políticos que él mismo, en forma irrespetuosa con su comunidad, había llevado con su voto al poder.

Otra persona señalaba que la idea egoísta de conseguir dinero por cualquier medio (incluyendo el irrespetar los derechos de los demás) es fundamental en la situación caótica que estamos viviendo en las familias, las comunidades y el país.

Básicamente la reflexión general del grupo podría ser que muchas de las cosas negativas que estamos viviendo ahora en Colombia se deben a la falta de respeto a los derechos de las otras personas en las interacciones cotidianas a todos los niveles (personales, conyugales, familiares, comunitarios, etc.). Esto debería llevar a una profunda modificación de nuestro accionar cotidiano en que dejáramos a un lado la “vivesa” de aprovecharnos de los demás sin respetar sus derechos. Y el cambio comienza por cada uno de nosotros…

 

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