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Pelotas y letras | Fuad Char

En 1968, Julio Iglesias se dio a conocer al mundo al ganar el Festival de Benidorm con la canción “La vida sigue igual”. 

Ese día los astros se alinearon para que el frustrado exjugador del Real Madrid se volviera el boom del momento. Julio mostró su voz y su talento con el gran éxito que él mismo escribió. El tiempo ha pasado y aún hoy, los jóvenes de aquella época, seguimos rememorando la festivalera canción que, por lo menos a mí me enseñó, que sí, que pueden pasar cosas y cosas, pero la vida, así estemos o no, seguirá por la sencilla razón que el ritmo de las horas no se detiene nunca.

Como el caso del Junior. Por el equipo barranquillero ha pasado gente maravillosa que después se ha ido, unos han regresado, otros no, pero Junior ha seguido existiendo con sus alegrías (que son más) y las tristezas (que son menos). 

Se fueron Varacka, Verón, ‘Piscis’, Umaña, ‘Cheché’, el ‘Zurdo’ (que siempre se quedaba a la vuelta de esquina), se fue Comesaña y siempre volvió y el Junior siguió existiendo y produciendo todas las sensaciones sublimes que produce.

También se fue el Pibe (aunque se quedó aquí, con nosotros también) el más grande futbolista colombiano de todos los tiempos y detrás de él una lista interminable de ídolos que difícilmente se pueden olvidar.

Es que finalmente es así. Con sus victorias o tropezones, con los alientos y desalientos, la vida sigue igual. Y en el caso de las personas, he aprendido que nadie es indispensable. Que siempre habrá quien te reemplace así sea mejor, igual o peor que tú. 

Lo que no cambia, en el caso del Junior, es la presencia de Fuad Char. Él, desde 1974, ha sido el capitán del barco que ha viajado por aguas tranquilas y por aguas agitadas, ha sido el hombre que, junto a su familia, se convirtió en el músculo financiero, en el gestor de los proyectos, el que rescató al Junior cuando iba camino a desaparecer otra vez, lo hizo campeón tres años después y lo hizo grande. Tan grande que hoy suma 9 estrellas, tres copas, y ha sido semifinalista de Libertadores y finalista de Suramericana y, en todas, ha estado él.

Fuad Char está siempre. Cuando Junior gana o pierde. Cuando hay que contratar y montar planteles. En las bienvenidas y despedidas. Cuando todos se van, él queda. Nunca ha apagado la luz. 

Al Junior vienen y se van técnicos y jugadores y la vida sigue igual. Y sigue igual gracias a la persistencia desde hace 46 años de Fuad Char. 

Y no es por el dinero que invierte.  Sino porque es hincha antes que dueño del equipo…

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