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Opinión

Convergencia por fuera de los extremos

La intolerancia en Colombia es, quizás, una de las más acentuadas del planeta. La historia nacional está colmada de desgastantes luchas políticas.

La tolerancia no es una marca de fábrica de los sapiens”, dice Yuval Harari. De ahí el montón de guerras y exterminios en la historia del mundo por rivalidades políticas, económicas, ideológicas, religiosas y raciales.

La intolerancia en Colombia es, quizás, una de las más acentuadas del planeta. La historia nacional está colmada de agrias y desgastantes luchas políticas y de inútiles guerras civiles.

Bolívar vivió eso en carne propia. Las agrestes disputas entre federalistas y centralistas son una expresión de esto. Las confrontaciones entre liberales y conservadores, que concluyeron con el Frente Nacional, constituyen otro capítulo. La exclusión bipartidista que no admitía nada distinto al trapo rojo y al trapo azul es otra evidencia. La sangrienta crueldad de las guerrillas y los paramilitares ha sido otra manifestación de ese flagelo intolerante. 

En 2002, mucha gente creyó que con Uribe resolveríamos la contradicción principal entre Estado y guerrilla. Santos desactivó esa polarización armada, pero concesiones como la JEP y la elegibilidad política le parecieron inaceptables al uribismo. Y atrincherado en la intolerancia se opuso al acuerdo porque su visión de la paz era una guerrilla desmovilizada que respondiera ante la justicia por sus crímenes. Por eso sus válidas recriminaciones a la parsimonia de la JEP en las condenas, a las negaciones farianas del reclutamiento forzado y a la blandura judicial en el caso Santrich. Sin embargo, el uribismo también nos debe un completo resumen sobre el proceso de las AUC que dejó intactas numerosas estructuras asociadas al narcotráfico.

El petrismo, en otro extremo, se convirtió en un peligroso factor de intolerancia por la copiosa hostilidad de su lenguaje y sus actitudes.

En medio de esta feroz polarización, Fajardo ha propuesto una convergencia por fuera de los extremos. Que significa no alianzas con el Centro Democrático y la Colombia Humana. Él se ha planteado aglutinar un bloque lejano a la polarización, que represente una alternativa distinta.

La intolerancia ha sido la dinamita de todos los conflictos mal tramitados en nuestra historia y Fajardo propone un país donde el respeto y la cooperación tengan una posibilidad. Lo suyo no será la elocuencia ampulosa de Petro, pero este exprofesor y doctor en matemáticas tiene claro que necesitamos una sociedad donde podamos coexistir sin despedazarnos y unir a los colombianos en torno a lo fundamental.

Y no se trata de que los extremos dejen políticamente de existir. Se trata de intentar un país donde los conflictos se afronten en tolerancia. Y ese largo aprendizaje cultural, tras 200 años de polarizaciones de calamitosas consecuencias, podría arrancar con un presidente que asuma ese reto pedagógico. Un presidente incendiario agravaría las pugnacidades nacionales y generaría un catastrófico problema institucional.

@HoracioBrieva

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