El Heraldo
Opinión

Lectura y paz

Leer. Esa es también una forma de construir un porvenir sólido, o al menos digno. 

Esta semana vi un meme que me dejó pensando… «Tenemos dos premios nobel: uno de Literatura, en un país que no lee, y otro de Paz, en un país que no tiene paz, justo porque no lee» es el mensaje de esa pieza que circula en redes sociales y que, probablemente, ha puesto a reflexionar a más de uno en Colombia, una nación con un poco más de 50 millones de habitantes que en promedio leen 2,7 libros por año, y en la que en 2020 se registraron más de 11 mil homicidios, más de 8 mil casos de violencia sexual (el 85% contra mujeres), más de 180 mil casos de hurto a personas, y un total de 88 secuestros. 

Lo más sensato ante esos números, más allá de preguntarnos qué estamos haciendo mal, es cuestionarnos sobre lo que podemos empezar a hacer para encaminar el rumbo de esta desorientada embarcación llamada Colombia. El 8 de diciembre de 1982, cuando Gabriel García Márquez recibió en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura, la patria por excelencia del realismo mágico saltó a la fama mundial por ser el árbol que diera un fruto tan excelso como el aracatense que supo construir un territorio atemporal denominado Macondo en un libro de 350 páginas. 

A casi 40 años de haber sido honrado nuestro país con el más importante de los galardones literarios, mientras en países como Argentina y Chile las personas leen en promedio cinco libros al año, en el nuestro esa cifra se reduce a la mitad. Y aunque en los últimos años el nivel de lectura en Colombia ha aumentado, teniendo en cuenta que en 2014 el promedio de libros que leía un colombiano era de 1,9, estoy segura de que podemos leer más, mucho más.  

¿Qué nos impide hacerlo? Quizás, entre tantas otras opciones que nos da el mundo globalizado, estar inmersos en un océano de posibilidades de entretenimiento por cuenta de las redes sociales ha sido un factor determinante al momento de decidir en qué invertir o gastar nuestro tiempo libre. Así, nos quedamos entonces vagando en las historias de Instagram, desplazando la pantalla del celular con nuestro dedo índice en sentido vertical u horizontal a ver qué encontramos, sin detenernos a pensar que tal vez la mejor respuesta a ese vacío interior que busca ser llenado, y que no es más que hambre de conocimiento, está en un libro.

«Lee y conducirás, no leas y serás conducido», dice santa Teresa de Jesús, y cuánta razón tienen sus palabras. Los jóvenes del siglo XXI en Colombia, los mismos que piden a gritos oportunidades y equidad para un futuro mejor, no solo necesitan ser escuchados, sino también escuchar o más bien leer lo que la literatura universal tiene por decirles. Leer. Esa es también una forma de construir un porvenir sólido, o al menos digno.

Aun con un nobel de Paz, no somos un país de paz, es cierto. Y ese es un mal que puede tratarse leyendo. Cuánta razón tuvo el sabio creador del Quijote al decir que quien «lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». Yo, por mi parte, seguiré leyendo tanto como pueda para lograr andar, hablar, escuchar, escribir y ser mejor. ¿Tú qué harás?

@cataredacta

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