El Heraldo
Opinión

El valor de la juventud

Protegernos es librarnos no solo de una sentencia de muerte, sino de la destrucción de una generación que merece seguir adelante.

Insistir en que la pandemia no se ha terminado, y faltan muchas cosas para entender, reconocer, y enfrentar, es como querer tapar el cielo con las manos. Cuando el número de contagios es creciente, las camas ya no son suficientes, y los fallecimientos han venido aumentando. En el momento que consideramos que la meseta de este rebrote es cada vez más prolongada nos lleva a creer que nuestra falta de intervención, u omisión de acciones, también constituye una falla, un pecado o un error que la historia no nos perdonará. Al mismo tiempo, no podemos sentarnos a esperar que pase nuestro propio cadáver, hay que hacer todos los esfuerzos para que aquellos que no crean que la tierra es redonda dejen de crear falsas informaciones.

La historia ha mostrado el sacrificio de muchas personas buenas, que dejaron sus vidas por defender objetivos justos, en estos momentos como de costumbre, es la juventud, que se dio cuenta que no los han tenido en cuenta para nada, que se necesitan tener muchos recursos para poder estudiar, y estos no llegan, principalmente porque los recursos se han aplicado mal o, peor aún, se los han robado.  Igual pasa con la posibilidad de contar con una vivienda, no hay tierras ni estructuras de servicios para llevar una vida digna, cuando otros ya se las robaron o la utilizan para sembrar drogas ilícitas, o lo que es peor ni la explotan, o utilizan.

Los jóvenes serán después la tercera edad, a la que algunos hemos podido llegar, y el ciclo seguirá repitiéndose, los jóvenes de hoy son los viejos del mañana. Seguiremos viendo que las instituciones pierden credibilidad porque no responden a lo que las comunidades piden, la ciencia toma distancia de la política cuando grandes intereses están de por medio. La utilización de los trabajadores de la salud es importante en un  momento coyuntural, después se olvidan de nosotros, de las dificultades del sector, y de que debemos ser reconocidos mejor que muchos otros que se divierten, o que divierten a los demás, pero no los curan.

Utilizar la violencia en cualquier forma es un grave error,  pero más en un momento de desastres como la pandemia, en los que el crecimiento de la misma es imposible de controlar en medio de manifestaciones, paros y bloqueos, destrucción, aumento de las malas condiciones económicas, pérdida de recursos, y lo que es peor,  vidas irrecuperables, desastres familiares, aumento de huérfanos, que nos han llevado hasta recortar la supervivencia de la especie.

Es hora de volver a tocar todas las puertas, inclusive las de quienes han tenido ideas contrarias al gobierno actual. La autodestrucción del hombre por el hombre está demostrada, y hay que detenerla.

En el momento se necesita usar un poco las neuronas que nos quedan, y todas nuestras fuerzas para seguir peleando por un propósito común, el bienestar de todos, sin pisotear a los demás, sin olvidar que todos fuimos jóvenes, y que esta población merece respeto, que si hay necesidad de entregar lo que tenemos por ellos debemos hacerlo ahora, la juventud puede salvar el país, siempre y cuando no olvidemos que la experiencia  también es necesaria.

Sabemos cómo podemos salir de la pandemia, tenemos ya herramientas como las vacunas, y recursos de personal, de estructura física y demás elementos, solo nos falta dirigirlos en la mejor forma para salir adelante.

Es urgente reconocer que lo que pensemos, decidamos y ejercitemos es lo único que podrá salvarnos del mayor flagelo de todos los tiempos. Protegernos es librarnos no solo de una sentencia de muerte, sino de la destrucción de una generación que merece seguir adelante.

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