La única forma en que una democracia puede funcionar y responder a la voluntad popular es mediante el voto. Hoy el país tiene la posibilidad de superar sus altos índices de abstencionismo, cuenta con opciones a lo largo de un variado espectro político y, sobre todo, tiene un deber ineludible con el futuro de Colombia: salir a votar. Votar por convicción o por rechazo, ejercer la agencia cívica más importante en un sistema presidencialista como el nuestro -la de decidir quién será el próximo presidente- y preguntarse, ante todo, quién nos dará más garantías para preservar la tradición democrática de esta nación.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, el 45% de los ciudadanos habilitados no votó. Es una de las cifras más bajas de la última década, y aun así resulta aterradora: el futuro de todos los colombianos lo están decidiendo activamente apenas el 55% de quienes están llamados a las urnas. Detrás de ese porcentaje hay muchas explicaciones, pero una de las más extendidas — y la más equivocada — es la idea de que abstenerse es una forma de protesta. No lo es. Es, en realidad, la forma de protesta menos efectiva que puede elegir un ciudadano.
Protestar es sancionar en las urnas a quienes representan un proyecto político que ha dejado al país sumido en una pentacrisis. Protestar es votar en blanco cuando ningún candidato representa su visión política, social o económica. Protestar es votar y no, como muchos creen por error, dejar de hacerlo. Quien se abstiene no le habla al sistema: simplemente lo alimenta con su silencio. Los que sí votan deciden y deciden también por quienes no votaron.
Colombia ha mantenido una tradición democrática que, en el contexto latinoamericano, no debería darse por sentada. Venezuela, Nicaragua y los ciclos autoritarios que ha enfrentado la región en diferentes momentos de la historia son un espejo incómodo pero necesario. Aquí seguimos eligiendo a nuestros gobernantes en las urnas, y esa continuidad no se sostiene sola: requiere ciudadanos que la defiendan activamente. Hoy, más que nunca, los ataques contra la democracia son notorios, y si como sociedad no asumimos esa defensa con seriedad, pueden intensificarse.
Este domingo, la papeleta que usted marque tendrá consecuencias reales para los próximos cuatro años. Salga a votar. No por el candidato perfecto, que no existe, sino por el país que quiere. El voto es el único instrumento que le garantiza al ciudadano una incidencia directa sobre el poder. Úselo. La democracia no se hereda ni se declama, se ejerce.
@tatidangond


