La persona que llegue a la Presidencia de la República en los próximos días hombre o mujer debe ante todo y por encima de cualquier análisis geopolítico poseer un recio y templado carácter, una firme voluntad ideológica y conceptual y un poder de determinación, de decisión, de gobernanza que desde los primeros días determine cuál será la orientación del gobierno y su accionar en todas las ramas y situaciones que se comprometen para gobernar un país. Este resumen en frases muy cortas es una pretendida síntesis de lo que se escucha a toda hora, lo que se anhela, lo que se necesita con urgencia para sacar a la nación de toda la ruina en todos los aspectos a donde nos llevó este funesto gobierno actual no vivido desde la última década del siglo pasado donde creímos, ilusos, que fuimos, que Colombia se consumía. No se acabó, estuvo a punto pero en este momento sí estamos aniquilados.
Vale la pena un resumen para demostrar lo anterior. Quizás no por lo extenso pero basta con mencionar algunos temas o aspectos que podrían encabezar la historia de nuestra historia actual. En primer lugar y ante todo la ausencia de un sentido de lógica en la ejecución de medidas y disposiciones. Ese atrabiliario concepto y proceder del ejecutivo de intentar gobernar a punto de decretos olvidando que hay un ordenamiento Constitucional, es prácticamente el resumen de ceguera y lo que es peor de decirle al país “a mí me importa un rábano lo que diga la Constitución y la Ley, aquí mando yo.”. Y así esta actitud permanente se convierte en el camino más rápido para la tragedia. Desconocer a la Corte Suprema de Justicia, al Consejo de Estado, al Congreso, a la Procuraduría General de la Nación, a la Contraloría General, a la Fiscalía, todo ello no es otra faceta que una típica imbecilidad programada para caminar hacia una dictadura.
Pero además lo que la nueva Presidencia va a enfrentar y para ello necesitará muchísima inteligencia y carácter: la insufrible inseguridad pública. En estos cuatro años más de cuatro mil asesinatos por orden público y unas guerrillas que estaban más o menos controladas hoy día se encuentran duplicadas. Un narcotráfico impresionante, un sistema de salud desbaratado e ineficaz cobrando vidas, una cadena de robos al erario público como no se escenificaba desde la última década del siglo anterior, unas Fuerzas Armadas retenidas, acomplejadas con un altísimo calibre humano encerradas en cuarteles con bajo armamento y poco estímulo, una quiebra fiscal enorme que nos puede llevar pronto a la insolvencia económica con riesgo de que llegue el hambre, una crisis igualmente fatal y un libre y generalizado concepto del robo y saqueo en todas las dependencias oficiales. ¿Queda mucho más? Sí, pero no hay espacio. Solamente recordar que con carácter sólido podemos salvarnos.


