Y ahí va el Junior a jugar la final de Liga por segunda vez consecutiva. Con el técnico Alfredo Arias rebuscando los puntos con su idea futbolística, cambiando los dibujos tácticos y las estrategias, rotando jugadores por tema de bajo rendimiento que, en algún momento, fue casi que colectivo, y cambiando el Metro por el Romelio con las incomodidades propias de un estadio pequeño.
El “rebusque” del que he venido hablando es eso. Idear, inventar, poner, quitar, estudiar al rival y escoger jugadores por su nivel. Como el proponerse “borrar” a Rodallega, como efectivamente lo hizo, jugando al líbero con Peña y stopper con el ‘Cachaco’ Rivera, utilizando armas del “viejo fútbol”, como equivocadamente dicen los “expertos”..
El mismo Rodallega declaró “que hacía rato no sentía una marcación hombre a hombre”. Es un ejemplo de las sorpresas que exhibió el DT Arias en sus alineaciones y movimientos estratégicos incluyendo la final ganada en diciembre frente al Tolima. Y es un ejemplo, además, de cómo Arias recuperó a Peña y al ‘Cachaco’ convirtiéndolos en figuras.
Junior ya está en la final uniendo pequeñas grandes cosas. Algunas pasan desapercibidas pero, al final, lo único real y verdadero es que, a pesar de los tropezones, del bajo nivel expuesto por jugadores traídos para ser titulares y definitivos, y en contra de las malas energías de quienes no pueden ver al Junior ni en pintura, el equipo de Barranquilla está a las puertas de su estrella 12.
Y como cada vez, quienes desdeñan todo lo que sea del Junior y Barranquilla, han expresado su dolor y su maledicencia allá fuera de los linderos de nuestra República Independiente del Caribe. Volvemos a aconsejarles que para el dolor Artridene Gel y para la maledicencia buches de Listerine. Los venden en las Olímpicas…







