El que siembra vientos, cosecha tempestades, y la que se ha estado formando en el sector energético en el Caribe se anticipa antológica. Galapa es el primer municipio del Atlántico sometido abiertamente a racionamientos de energía por parte de Air-e intervenida. Un problema mayúsculo que no termina allí y por el que nadie responde. No, al menos, como se esperaría, en vista de su potencial riesgo de convertirse en una seria amenaza social, económica y de orden público en plena antesala del cada vez más real fenómeno de El Niño.

Los prolongados cortes de ocho horas más las interrupciones intermitentes, que también golpean a barrios de Barranquilla, confirman la fragilidad de un sistema eléctrico estresado: por un lado, por las altas temperaturas y, por el otro, por la crisis estructural de una empresa intervenida desde hace 20 meses por la Superintendencia de Servicios Públicos, que, lejos de estabilizarla y recuperarla como era su deber, parece haberla dejado a su suerte. O, lo que es lo mismo, hundida en una penosa condición financiera y operativa sin control visible.

La indignación ciudadana tiene fundamento, pero debe desmarcarse de la violencia. En los últimos días, la comunidad y los empresarios han oído explicaciones contradictorias sobre los cortes. Primero se habló de una emergencia en la subestación Cordialidad; después, de sobrecargas por las altas temperaturas; y ahora, Air-e reconoce que realiza desconexiones preventivas para enfrentar el inminente ‘Superniño’. ¿Cuál es la verdad? ¿Son fallas técnicas puntuales o es un racionamiento encubierto por el agotamiento de una infraestructura ya colapsada y sin las suficientes inversiones? Traducido al lenguaje popular: Air-e no tendría cómo garantizar plenamente la oferta energética requerida hoy ante el creciente consumo.

Sospecha que resulta del todo legítima porque desde 2023 XM y Transelca advirtieron del desgaste en las redes de transmisión y distribución. Incluso auditorías forenses confirman que los llamados “mantenimientos programados” ya ocultaban las restricciones de energía.

Sí, la demanda energética ha aumentado. Air-e reporta un crecimiento superior al 7 % en el consumo y estima que alcanzaría el 10 % en mayo, impulsado por temperaturas sofocantes, con sensaciones térmicas de 47 grados, que obligan a los hogares, comercios e industrias a intensificar el uso de sistemas de climatización y refrigeración. Ahora, ¿nadie vio venir al implacable ‘Niño’? Porque, para eso existen la planeación y las capacidades de anticipación.

Aunque es de suponer que Air-e intervenida está hoy más pendiente de su supervivencia que de prever escenarios críticos, como el que nos aprieta. Así las cosas, la falta de recursos frescos, el rezago en inversiones y el agotamiento o deterioro de redes e infraestructura nos dejaron expuestos cuando más se requería de confiabilidad energética por la situación.

Y las consecuencias son dramáticas. En Galapa, la desesperación de la gente ha derivado en bloqueos y protestas, los comerciantes pierden mercancías, los pacientes deben suspender tratamientos y más de mil empresas enfrentan sobrecostos por autogeneración y parálisis productiva. La competitividad territorial está bajo amenaza. Ningún inversionista confiará en un territorio donde el suministro eléctrico depende de desconexiones improvisadas para evitar el colapso de red. Si no aparecen soluciones urgentes y creíbles, el asunto irá a peor.

Lo más alarmante es que ‘El Niño’ apenas está tomando forma. Y si hoy el sistema ya opera al límite de su capacidad, ¿qué nos espera cuando las temperaturas aumenten todavía más y el déficit de energía en firme presione al sistema? Atlántico, Magdalena y La Guajira, al igual que el resto del Caribe no soportan otro episodio de improvisación, opacidad y abandono institucional, mientras la sequía se extiende y el calor sube con récords históricos.

Urgen inversiones y no excusas ambiguas, la modernización de la infraestructura en vez de medidas paliativas y absoluta transparencia sobre la magnitud de la actual crisis. Porque el racionamiento disfrazado no puede ser la nueva normalidad de miles de ciudadanos que pagan la energía más costosa del país, pero reciben un servicio inestable, vergonzoso e indigno. Cuidado señores de Air-e intervenida, un estallido social les está tocando la puerta.