Esta semana, el ELN volvió a aparecer en el debate público nacional tras emitir mensajes relacionados con las elecciones de 2026 y la necesidad de un supuesto “acuerdo nacional”. Lo hizo mientras continúan las denuncias por secuestros, amenazas, reclutamiento de menores, control armado y expansión territorial en distintas regiones del país. Según cifras recientes de la Defensoría del Pueblo, el ELN es hoy uno de los grupos que más recluta niños y adolescentes en Colombia, concentrando cerca del 40 % de los casos reportados en lo corrido de 2026. Además, Naciones Unidas advirtió este año que el reclutamiento de menores en el país se ha cuadruplicado en los últimos cinco años y que, en promedio, un niño es reclutado cada 20 horas en Colombia. Es alarmante.

Resulta difícil escuchar discursos sobre democracia provenientes de una organización que todavía priva de la libertad a personas, recluta menores de edad y condiciona territorios enteros a través del miedo. No se nos olvide que hace 4 años nos vendieron esa misma idea y que hoy están más fortalecidos que nunca, no podemos repetir esta historia. Más aún cuando históricamente el ELN ha intentado influir en los procesos electorales mediante presiones y demostraciones de fuerza que muchas veces terminan sonando más a advertencia que a propuesta política. Esta misma semana, el grupo volvió a hablar de “acuerdos nacionales” mientras justificaba los llamados “juicios revolucionarios” contra funcionarios secuestrados desde 2025.

Mientras se publican comunicados hablando de paz, las noticias del país siguen contando otra realidad. En regiones enteras del país continúan los confinamientos, las amenazas y el miedo permanente de comunidades atrapadas entre grupos armados. Y la violencia sigue escalando en pleno escenario electoral.

¿Cómo pueden hablar de acuerdos mientras se desconoce lo más básico? No se puede hablar de reconciliación mientras se sigue utilizando el secuestro como herramienta de presión. Ningún discurso político, ideológico o revolucionario puede justificar que una persona sea arrancada de su vida, de su familia y de su libertad.

Quizás una de las tragedias más dolorosas de Colombia es habernos acostumbrado a escuchar esa noticia como si fuera una cifra más. Niños convertidos en combatientes, alejados de sus familias, utilizados para la guerra y privados de cualquier posibilidad real de infancia. No existe causa política que pueda legitimar eso.

La paz exige voluntad, sí. Pero también exige límites. La paz verdadera empieza precisamente ahí: cuando la dignidad humana deja de ser negociable.

@CancinoAbog