En una madrugada de sueños idílicos tuve una visión que deseé se prolongara más allá de las primeras luces del día. No sé qué me los provocaron porque en mi aparato psíquico no son habituales los sueños. Menos las pesadillas. Por lo general, duermo tranquilo. Ni las denuncias penales me sobresaltan.

En el sueño me vi en un plácido recorrido por los arroyos Grande y León, que días antes había visitado con una comisión de la Defensoría del Pueblo, la CRA y varias organizaciones ambientalistas. En el trayecto real yo sentí una oleada de indignación por el estado de esas corrientes de aguas putrefactas en algunos tramos recubiertas de unos tóxicos espumarajos blancos producidos por la contaminación. La estampa más brutal nos la dio la ‘Trampa’ del arroyo León, cercana al puente José Name Teran, en la vía que pasa por la entrada a Lagos de Caujaral. En ese lugar se arremolinaban toda suerte de inmundicias: cartones, plásticos, maderas, colchones, botellas. Aquel espectáculo de voluminosa porquería frenada por la ‘Trampa’ era repugnante y vergonzoso y en la tarde en declive espoleaba las ganas de huir de ahí, de tanta desidia ambiental, de semejante barbaridad antiecológica.

En mi delicioso sueño, en cambio, vi unos arroyos que fluían armoniosos y cristalinos ayudados por unas copiosas lluvias recientes, y unas bandadas de pájaros migratorios surcando el cielo iluminado por un sol nítido. Vi unas briosas legiones de halcones, gavilanes y flamencos rosados. Vi también una espléndida ciénaga de Mallorquín recibiendo complacida el limpio aporte de esas dos poderosas corrientes pluviales. Y vi, por supuesto, a bañistas embriagados de felicidad por las aguas puras y cálidas de la ciénaga.

Después del sueño me he preguntado qué pudo haberlo activado. ¿Quizá la valla informativa de un contratista que vi en la visita de la comisión y donde se describía con precisos detalles una obra pública para la recuperación de uno de estos arroyos?

Ya despierto, y con la primera taza de café del día, recordé la lectura de un texto de Freud que presté hace años y nunca me devolvieron. Decía algo así como que los sueños son una ráfaga de locura. Un relámpago de demencia. El libro, si mal no recuerdo, se llama Esquema del Psicoanálisis. Sí, sin duda: soñé una locura que tal vez nunca sea posible a menos que ocurra un inesperado milagro de ingeniería ambiental gracias a una racional intervención institucional. Fue un breve momento de alucinación en el cual el inconsciente dio paso a un deseo frustrado que la realidad nos ha negado por la incompetencia de las autoridades ambientales.

@HoracioBrieva