La discusión sobre el impacto del salario mínimo en la empleabilidad formal ha dado la vuelta al país, y Barranquilla no es la excepción. Desde el decreto que fijó el salario mínimo para 2026, el nerviosismo ha permeado a empleadores y gobiernos distritales: es la primera vez que el incremento se aleja notablemente de la inflación del año anterior (5,1% vs. 23,7%).
La medida enciende alarmas especialmente en ciudades con altos índices de informalidad. Para Barranquilla, podría significar un retroceso en uno de sus avances más importantes: según el DANE, la informalidad laboral se redujo de 55,3% a 49,5% en 2025, rompiendo por primera vez la barrera del 50%.
El desafío debe analizarse con objetividad: un alza significativa del salario mínimo sin crecimiento real en la economía ni en la productividad obstaculiza la rentabilidad del empresario. Sin mayor productividad, todo aumento en los costos laborales es un pasivo. El resultado: el empleador lo piensa dos veces antes de abrir una vacante y tiene incentivos a sobrecargar a sus trabajadores actuales, lo que estanca la generación de empleo formal y profundiza la informalidad. Lo anterior no desconoce que el salario mínimo sigue siendo bajo y que Colombia necesita avanzar hacia un ingreso justo, pero esa brecha no puede resolverse solo con un decreto.
Los efectos posibles son: estancamiento de nuevas plazas formales; pérdida de empleos existentes —Fundesarrollo estima 16.473 puestos en riesgo en Barranquilla y su área metropolitana—; migración de contratos formales a la informalidad; y presiones inflacionarias al entregar más ingreso sin crecimiento económico real.
Barranquilla avanza en la lucha contra el desempleo con iniciativas como CrediChévere, la inversión extranjera y el turismo. Pero los logros en los mercados laborales son frágiles, y quienes más se exponen no son los grandes empresarios, sino el comerciante, el emprendedor y los freelancers: quienes más dependen del mínimo como referencia y menos margen tienen para absorber costos.
La pregunta no es si Barranquilla quiere progresar, sino si el entorno nacional le permitirá sostener lo ganado. El salario justo no se decreta: se construye con productividad, inversión y crecimiento real. Mientras eso no ocurra, Barranquilla seguirá siendo una ciudad que avanza a pesar del contexto, no gracias a él.
* Abogado en Scola Abogados


