La insolvencia no es un invento de los jueces. Es un fenómeno social, casi cultural. Y curiosamente, el vallenato, que es memoria viva del Caribe, lo ha explicado mejor que muchos tratados de derecho.

En los vallenatos clásicos hay una advertencia constante: el dinero es efímero. En La plata de Diomedes Díaz se dice de manera cruda pero real que mientras hay plata todos aparecen, pero cuando se acaba, también se acaban muchas lealtades. Esa es, en el fondo, la primera lección de la insolvencia: la confianza. No se trata solo de números, sino de la confianza en quien acude a la ley de insolvencia y en el sistema que la respalda.

Porque cuando se rompe esa confianza, se rompe algo más grande: una herramienta que existe para proteger a quienes realmente la necesitan. La insolvencia no empieza cuando todo se pierde, empieza mucho antes. Y eso también lo retrata el vallenato. En La plata no alcanza de Peter Manjarrés se describe esa angustia cotidiana donde los ingresos ya no cubren las obligaciones, donde simplemente la plata deja de alcanzar.

Pero el vallenato también advierte otro riesgo, especialmente en el mundo empresarial: la apariencia. En canciones como El rico cují de Emiliano Zuleta aparece esa figura del que parece tenerlo todo, pero en realidad vive sostenido por las apariencias. En el derecho, esa apariencia puede convertirse en algo mucho más grave: fraude, ocultamiento de activos, falsedad, incluso estructuras diseñadas para engañar al sistema, en foros, contenidos en redes que no promueven la insolvencia como lo que es una herramienta legítima, sino como un atajo para no pagar. Conciliadores, colegas, e incluso influencers que enseñan cómo simular deudas o cerrar caminos para defraudar.

La insolvencia se creó para ayudar. Para darle una salida a quien, por circunstancias reales, atraviesa un momento difícil. Y esa idea también la cuenta el vallenato. En La creciente del Binomio de Oro se habla de ese momento en que todo se complica: “un grande nubarrón se alza en el cielo, ya se aproxima una fuerte tormenta”. Pero, así como el vallenato describe la crisis, también nos recuerda cómo enfrentarla. Como lo refleja en canciones como El pobre de este mismo grupo, donde se reivindica la dignidad de quien tiene poco, pero conserva su honor.

Ahí hay una lección jurídica fundamental. No toda insolvencia es culpable. De hecho, la mayoría son reales, necesarias y merecen protección. El Estado tiene la obligación de rescatar a quienes de verdad lo necesitan. Pero esa protección también exige responsabilidad de todos los actores.

El vallenato nos deja una verdad simple pero contundente: el dinero se acaba. En La plata se acaba de Jorge Oñate se repite esa idea que parece obvia, pero que muchos ignoran: la riqueza no es permanente. Y cuando se olvida eso, llegan las crisis, las quiebras… y también las consecuencias jurídicas que incluso pueden llegar a ser penales.

@CancinoAbog