Con las noticias de la Artemis II, he oído que la cápsula va a ‘amerizar’. He pensado y dicho siempre ‘amarizar’. ¿Cuál es la forma correcta? Lily Katz, B/quilla

‘Amarizar’ y ‘amerizar’ son dos verbos válidos. Tal como usted, yo también uso ‘amarizar’, entre otras cosas porque es evidente que la acción tiene que ver con la voz española ‘mar’ y no con la voz francesa mer. Ambas palabras, ‘amarizar’ y ‘amerizar’, y una más, ‘amarar’, significan “tocar el mar (o la mer) desde el aire”. Autoridades del idioma, como la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y la misma Academia de la Lengua, certifican que además de ‘amarizar’, ‘amerizar’ y ‘amarar’ hay un término más para nombrar el hecho de posarse un objeto artificial sobre el agua: ‘acuatizar’. Es decir, los cuatro verbos constituyen un suceso que tiene cuatro nombres de acción: ‘amarizaje, amerizaje, amaraje y acuatizaje’: “Por un yerro descomunal, el amarizaje de la cápsula espacial ocurrió frente a Bocas de Ceniza”. “La avioneta perdida hizo un amerizaje cerca de Riohacha”. “Ojalá este viejo avión no me obligue a un amaraje en medio del océano”. “El acuatizaje del hidroavión fue en la laguna de Luruaco“. Ahora bien, la Fundéu asegura que ‘acuatizar’ es la forma correcta (o universal) cuando un objeto artificial se posa sobre un lago o sobre un río. Según lo anterior, el docto Diccionario panhispánico de dudas incurre en un error inexcusable cuando afirma que ‘acuatizar’ solo se usa en el español de América, y que los otros verbos se extienden por todo el ámbito hispánico. Seguiré usando ‘amarizar’, y, con el respeto debido, le sugiero lo mismo, sin desconocer que hay tres verbos sinónimos más, perfectamente válidos.

Hace poco, usted usó la voz ‘cabreada’, que hace tiempos no oía… Me disonó. Lía, B/quilla

La expresión inicial, que era ‘estar cabreado’, derivó en América en ‘estar cabrero’. Surgió en el siglo 15 cuando el quinto conde de Medinaceli, Luis de la Cerda y de la Vega, impuso en su señorío a los dueños de cabras un tributo adicional, llamado “impuesto cabreado”, alegando que esos animales, por sus movimientos precipitados y su voracidad, acababan con rapidez los pastos y dejaban la tierra devastada. Los nuevos impuestos nunca son acogidos de buena gana, y, en este caso, además, fueron considerados abusivos y generaron tal disgusto en quienes debían tributar que la palabra ‘cabreado’ (o ‘cabrero’) pasó a significar molestia, rabia, irritación, mal humor, sentidos con los que ha seguido usándose aun después de la desaparición del impuesto hace muchísimos años.

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