Esta semana conocimos una decisión judicial en Argentina que llamó la atención por lo inusual, pero también por lo inteligente. Una jueza de familia decidió prohibirle a un padre jugar pádel e incluso ingresar a complejos deportivos, hasta que cumpliera con el pago de la cuota alimentaria de sus hijos.

La decisión puede parecer llamativa, incluso anecdótica, pero en realidad abre un debate mucho más profundo: ¿es la privación de la libertad la mejor respuesta frente a este tipo de incumplimientos? La respuesta es no.

Durante años, en muchos sistemas jurídicos se ha optado por la cárcel como mecanismo de presión frente al no pago de alimentos. Sin embargo, esa salida, aunque suene contundente, resulta contraproducente. Un padre privado de la libertad difícilmente podrá generar ingresos, y si no puede trabajar, tampoco podrá cumplir con su obligación alimentaria.

Es decir, la medida termina castigando, pero no resolviendo el problema de fondo. Por eso decisiones como esta resultan interesantes, no porque sean creativas o mediáticas, sino porque buscan afectar directamente aquello que la persona valora, sin bloquear completamente su capacidad de producir. En este caso, la jueza incluso descartó prohibirle salir de la provincia, precisamente porque eso sí podría afectar su posibilidad de trabajar.

Ahí está la diferencia entre sancionar y solucionar. El derecho no debería limitarse a imponer castigos, sino a encontrar mecanismos eficaces para garantizar derechos. Y en este caso, el derecho que está en juego no es menor: es el de los niños, niñas y adolescentes a recibir alimentos, a tener condiciones dignas de vida y a no depender de decisiones arbitrarias de los adultos.

Ahora bien, esto no significa que el incumplimiento de obligaciones alimentarias deba relativizarse. Todo lo contrario, es una conducta muy grave que afecta directamente a los más vulnerables. Pero precisamente por eso, las respuestas del sistema deben ser efectivas. Y la cárcel por más popular que sea, no lo es.

Nos hemos acostumbrado a pensar que la solución a los problemas es la cárcel. Que más severidad implica más justicia, pero los defensores hemos dicho hasta el cansancio que así no es. A veces, medidas más focalizadas, más inteligentes y mejor diseñadas logran resultados mucho más eficaces. Al final, de lo que se trata no es de castigar por castigar, sino de garantizar que los niños reciban lo que les corresponde. Y eso, en muchos casos, no se logra con una celda, sino con decisiones que obliguen a cumplir sin destruir completamente la posibilidad de hacerlo.

@CancinoAbog