El Romelio Martínez es mágico, siempre fue así. Esta vez, en la goleada del Junior 3x0 a Chicó fue igual. La camiseta rojiblanca, el juego, los goles, la fiesta de la hinchada. Nada faltó.
Que está encontrando el conjunto, dijo el Profe Alfredo Arias. Digo yo, a su vez, que estoy viendo lo que pedía. Que se corra, que se presione, que se haga gala del equipo físico que Junior es, pero que se juegue al fútbol. Así como se hizo recientemente para ganar con talante y superioridad la 11ª estrella ante Tolima.
El regreso al Romelio tuvo todo eso y más. Ver la talla de un jugador como Luis Muriel, haciendo el fútbol fácil, gol y pase gol, generador de fútbol, espectáculo y causa de penaltis que convierte en gol. Es un lujo tener a Muriel con nosotros. No sólo le da estatus al Junior sino a la Liga también.
Observarlo es como un Déjá Vu con Iván René Valenciano cuando despuntaba en Junior. Tiene varios parecidos con él, en su manera de andar, de jugar y en la manía de hacer goles de todas formas.
Desarrolla fútbol, es colectivo, tiene obsesión por el arco, juega dentro y fuera de las 18 yardas, media distancia, tiro libre y patea con técnica depurada los penaltis.
Y no es que Arias esté montando el equipo alrededor de Muriel o para jugar para él porque en Junior todos participan en la gestación del fútbol y casi todos anotan goles. Junior es colectivo para presionar, recuperar, jugar y con posibilidad de rematar al arco.
El circuito ofensivo del Junior está encontrando los automatismos juntando a los que estaban con los que llegaron.
Lo de Cristian Barrios es superlativo, rapidez, dribling, pases gol y gol. Lo que mostraron Chará, Paiva y Rivas en el ataque del Junior, juntándose con ellos dos, es para deleite y para seguir consiguiendo triunfos que no dejen duda de su superioridad.
Ya el circuito defensivo conservó, por primera vez, la valla en cero. Y esa, también, fue otra de las buenas noticias que dejó el regreso al Viejo Querido…








